Aprobar la asignatura pendiente de la educación emocional

El contexto social reclama que el desarrollo de la inteligencia emocional se sitúe como eje básico de la formación de niños y jóvenes.

Desde hace tiempo, la doctrina pedagógica advierte de la necesidad de que la escuela conceda a la educación emocional la misma importancia que otorga a los aspectos estrictamente cognitivos. La lógica del mundo presente, en el que la interrelación, la adaptabilidad o la comprensión de la complejidad cultural son valores aún más cotizados que el conocimiento técnico o académico, agudiza la necesidad de implantar la educación emocional como prioridad del sistema educativo.

Así que la educación emocional, o la inteligencia emocional, es un tema que irrumpe a poco que se bucee en el debate educativo actual. Al interrogarnos por la cuestión, hay que tener en cuenta que la educación emocional es una cuestión de “orientar la mirada”. Como explica el profesor de Filosofía y Educación emocional y colaborador del Ateneu de l’Alliançe française de Sabadell, Josep Soler, no se trata únicamente identificar “las emociones, sino la idea que hay en ellas. Cuando alguien siente miedo, rabia, indignación, alegría o entusiasmo, tiene que comprender qué idea se manifiesta. Por ejemplo, en la indignación encontramos la idea de justicia”.

Tan importante como tener claro el concepto de educación emocional es saber reconocerla en el alumno. Un ámbito privilegiado para evaluar su buen desarrollo emocional es el trato con los compañeros. Es clave observar “si tiene una buena empatía, es respetuoso, alegre y lo expresa, además de con la palabra, con el gesto y con un talante afable y conciliador”, observa el vicepresidente de la Fundación Joviat y director pedagógico de la Escola Joviat, Jordi Vilaseca. Como facetas a las que el maestro ha de estar atento, este educador también destaca la capacidad de reconocer y expresar el estado de ánimo, de poner palabras a los sentimientos, la forma de resolver los conflictos, las habilidades sociales que se emplean para encontrar el equilibrio o la coherencia entre el comportamiento en la escuela y en la familia. La potenciación de la autonomía del niño contribuirá al despliegue de estas facetas. “Hay que ayudar al alumno a expresar sus necesidades y empoderarlo”.

Hoy, más necesaria que nunca

Una atención sistemática a la educación emocional habría sido básica en cualquier período precedente, pero lo cierto es que hoy la necesidad de priorizarla se ha acentuado. “Es más necesaria por el ambiente en el que crecen los chicos. Hay una frase que resume el espíritu de nuestro tiempo: ‘lo que pasa en tal sitio se queda en tal sitio’. Es como decir ‘lo que pasa cuando estoy enfadado se queda ahí’ y no me lo puedes criticar ahora que ya no lo estoy. Pues no, lo que haces enfadado también tiene consecuencias que no desaparecen cuando dejas de estarlo”, observa Josep Soler. Por este motivo, “una de las tareas más importantes que tenemos es educar las emociones para construir la persona que queremos ser”

Si hablamos de las urgencias propias de nuestro tiempo, la digitalización es un factor que ineludiblemente ha de ser evaluado, dado su impacto social y cultural. Como explica la maestra especializada en educación emocional, Anna Carpena, desde el punto de vista de la educación emocional, el entorno digital ofrece una doble cara. “Puede ser motivador de aprendizajes, pero también crear adicciones, es decir, su uso incentiva emociones positivas y también estresantes, como la ansiedad”. En este sentido, se revela esencial “la competencia emocional de la familia” para gestionar. “Sin duda, las emociones acompañan a las decisiones de poner, o no, límites al uso del entorno digital”.

La preparación del maestro

El contexto social reclama que el desarrollo de la inteligencia emocional se sitúe como eje básico de la formación de niños y jóvenes ¿Pero está nuestro sistema educativo a la altura de este reto? El desarrollo de la educación emocional “no está generalizado ni sistematizado” en nuestra enseñanza. Carpena, que es miembro del comité científico y asesor del Congreso Internacional de Inteligencia Emocional y Bienestar, apunta también a la falta de preparación del profesorado en esta materia. “Estar formado en inteligencia emocional quiere decir haber hecho un trabajo de autoconocimiento y autogestión, lo que implica mantener un proceso de trabajo personal permanentemente”. Si el maestro no puede ofrecer este punto de partida, “se harán actividades que no profundizarán en la consecución de objetivos claros”.

Disponer de una base de fundamentos psicológicos es esencial para que el maestro pueda afrontar significativamente la educación emocional. Es necesario conocer “las necesidades psicológicas de cada etapa vital para poder acompañar y guiar con criterio y coherencia”, apunta Jordi Vilaseca, que destaca la utilidad de modelos como el enfoque emocional de la Pedagogía sistémica.

Difícilmente se puede hablar de un proyecto de educación emocional integral si no se contempla el conjunto de actores: sistema educativo, familia, profesor y, por supuesto, escuela. ¿Cómo hacer que todo el centro participe de un enfoque coherente en este plano? “Nosotros trabajamos la educación emocional tanto en el profesorado, a través de formación continua, talleres, etcétera, como con todos los alumnos”. Mireia Trias, directora de la Escola Nostra Senyora de Lurdes (Barcelona) detalla que “a través de la interiorización, cada mañana hay un tiempo de silencio y relajación que permite al niño centrarse, armonizarse, conectar con sí mismo y descubrir el espacio interior intuitivo y misterioso que hay en él”. La acción tutorial y el ámbito de la convivencia también son importantes, como herramientas fundamentales en el desarrollo de la dimensión social de nuestros alumnos”, añade esta maestra y pedagoga.

Mireia Trias, junto a Anna Carpena, Josep Soler y Jordi Vilaseca, compondrá el plantel de ponentes de la próxima edición monográfica de Education Talks, que se celebrará el 1 de diciembre y se dedicará al tema de la Educación Emocional. Education Talks es una plataforma por la innovación educativa impulsada por la Universitat Abat Oliba CEU. Dentro de #EDUCATIONTalks se organizan encuentros amplios sobre innovación educativa, en los que tienen cabida todo tipo de perspectivas novedosas, y paneles monográficos sobre una cuestión de actualidad en el mundo de la educación. En formatos monográficos anteriores se trató la creatividad en el aula y el aprendizaje basado en proyectos.


El maestro se forja en la escuela

Habilidad para comunicar, capacidad de interacción, creatividad, liderazgo, disposición para la escucha, observación, empatía o asertividad, éstas son algunas de las cualidades que se necesitan hoy para el desempeño de la que, probablemente, es la profesión más importante del mundo: la de maestro.

La enumeración hace referencia a competencias transversales no estricta o exclusivamente vinculadas con un contenido teórico concreto, sino conhabilidades que se expresan en su puesta en práctica. Y como tales, es en la vida en el aula donde pueden aprenderse, desplegarse y pulirse. Si en cualquier oficio el conocimiento del medio es fundamental para ser un trabajador competente, ésta exigencia se acentúa en el caso de la enseñanza en niveles de infantil o primaria. El trato con el niño plantea una diversidad de retos y situaciones que sólo la experiencia enseña a afrontar.

Por los motivos expuestos, la formación del maestro se debe hacer de cara a la realidad de las escuelas, y no de espaldas a ellas. Los fundamentos teóricos de los grados de educación se agotan en sí mismos si no tienen continuidad en la vivencia del hecho educativo. Y más, si cabe, en una escuela como la del siglo XXI, en la que, en lugar de la transmisión de un compendio tasado de conocimientos, se espera que el educador estimule aspectos como la creatividad, la adaptación al cambio, el espíritu crítico o la capacidad de relacionar conceptos.

El maestro debe experimentar durante sus años de formación una inmersión en la escuela, formar parte de ella, conocer sus dinámicas, sus secretos intangibles. Esto es lo que, desde el año pasado, se ha propuesto la Universitat Abat Oliba CEU con la puesta en marcha del Plan de Inmersión Escolar (PIE).

El PIE forma parte esencial de los grados de Educación Infantil Educación Primaria de esta universidad. Este programa permite a los estudiantes la observación de clases reales, la asistencia a juntas de evaluación y planificación, los encuentros con maestros con experiencia para hablar de sus motivaciones y desafíos o la colaboración en iniciativas culturales que se desarrollen en el contexto escolar.

Un atractivo especial del PIE es que los estudiantes pueden comprobar sobre el terreno cómo sus profesores trasladan al aula de la escuela los conceptos que transmiten en las clases de la universidad. Es una ventaja que se deriva de que la UAO CEU pertenezca al mismo grupo educativo que los colegios Loreto Abat Oliba y Cardenal Spínola Abat Oliba (ambos de Barcelona). Una circunstancia que permite que el tránsito del aula de la universidad al de la escuela sea constante y fluido durante toda la carrera.


Education Talks: Una escuela en diálogo con el mundo

La multiculturalidad, la imparable evolución tecnológica o la mutabilidad de las categorías del mundo laboral han puesto en los últimos años de manifiesto una evidencia que los teóricos de la pedagogía ya llevaban preconizando durante décadas: que el objetivo primordial de la educación no debe ser tanto el aprendizaje de unos contenidos curriculares concretos, sino el desarrollo de unas competencias que permitan a la persona desarrollar autónomamente su personalidad. No se trata ya de un ideal, la realidad de un mundo en constante cambio impone repensar el modelo educativo.

Por ejemplo, en el plano profesional, los especialistas prevén que cerca del 75 % de los empleos del futuro serán ocupaciones que no existen en la actualidad. En un contexto así, resulta estéril planificar una formación en función de conocimientos o técnicas concretas. De hecho, lo que las empresas esperan ahora del trabajador es transversalidad, capacidad de adaptación, resolución de problemas, gestión de la información y del cambio o empatía. Todo esto en un marco global, que desborda los esquemas culturales rígidos.

La articulación de una educación a la medida del mundo es un desafío al que no es ajeno ninguno de los factores presentes en la escuela. Si lo que se desea es inculcar en el alumno una actitud de adaptación crítica a los muchos cambios que habrá de experimentar a lo largo de su vida, la escuela debe participar de esta predisposición. En este sentido, hay que afrontar la innovación educativa no como la consecución de una fórmula definitiva y cerrada sino desde una perspectiva permeable a sucesivos cambios.

Por este último motivo es importante que la comunidad educativa viva en un permanente estado de diálogo e intercambio de experiencias. Para favorecer este encuentro entre docentes y profesionales del mundo de la educación comprometidos con el cambio educativo, la Universitat Abat Oliba CEU celebra regularmente los encuentros “Education Talks”. La próxima edición, que tendrá lugar el 18 de mayo, contará con la participación del director científico del programa “Inteligencia Emocional” de la Fundación Punset, Pablo Herreros, el premio Bitácoras 2016, Sergio Castro, la booktuber, Marta Botet, el director de los grados de Educación de la UAO CEU, Mariano Bártoli, el miembro del comité científico del proyecto “Educació Demà”, Frank Sabaté, y la codirectora de la Granja Escuela de Santa María de Palautordera, Cristina Gutiérrez. Consulta más información sobre el evento y la forma de inscribirse.