Decidir estudios en las coordenadas de la información y la vocación

Cuando la universidad se abre a sus futuros estudiantes contribuye de forma determinante a definir una preferencia sólida

Hace un año, Job Lab CEU-Santander Universidades puso en marcha el Degree Advisor, una herramienta en la que el estudiante tiene a su disposición un completo test de orientación vocacional e información estadística sobre la oferta académica y las tendencias del mundo profesional. Transcurrido este tiempo, 10.400 personas han hecho uso de él, lo que permite extraer algunas conclusiones. La primera de ellas es que, para una parte importante de los estudiantes, la elección de estudios universitarios no es una decisión sencilla, ya que el 51 % de los usuarios del Degree Advisor confesaba no tener claro qué querían estudiar. La segunda es que los preuniversitarios aprecian la información de calidad que les ayude a hacerse una idea ajustada de la realidad universitaria y de las posibilidades profesionales asociadas: el 86 % de los que han utilizado el Degree Advisor lo recomendaría a amigos y familiares y 8 de cada 10 usuarios valoran la importancia de conocer la demanda laboral de los estudios que quieren realizar.

El tránsito a la universidad es un camino en el que la ilusión y las expectativas tienen su correspondencia en lógicos temores e incertidumbres. Es un proceso en el que la emoción y la razón juegan, se entremezclan y se condicionan entre sí. En este contexto, contar con orientación cualificada aporta valor diferencial en ambos polos. El de la razón se refuerza con la información precisa de planes de estudio y realidad profesional. Mientras que la emoción se relaciona con la idea de vocación, una vocación que se forja desde el conocimiento no sólo del entorno sino también, y principalmente, de uno mismo.

Vocación e información –emoción y razón- son las coordenadas en las que debe situarse la elección de carrera universitaria. Una decisión que, además, cuenta con un ingrediente simbólico adicional: para muchos jóvenes es la primera decisión de largo alcance que toman de forma autónoma. Es importante, por tanto, contribuir a que, cuando se decanten por una de las muchas opciones que pone a su alcance el sistema universitario, lo hagan a partir de una buena sintonía entre la vocación y la información. Si las emociones y los argumentos racionales están alineados, es seguro que la decisión ha sido acertada.

Las universidades juegan un papel importantísimo en este aspecto. Cuando la universidad se abre a sus futuros estudiantes, enseñándoles en qué consiste ser universitario, qué les cabe esperar de ese período de su vida y a qué proyecto vital tendrán acceso, contribuye de forma determinante a definir una vocación sólida. Ésta es la idea con la que desde hace años la Universitat Abat Oliba CEU celebra sus Talleres Vocacionales, un día en el que el estudiante se pone en la piel de un universitario y anticipa adónde le conducirían los siguientes cuatro años si optara por un determinado grado. Una jornada en la que la información de primera mano se combina con el valor emocional de la experiencia. Información y vocación.


El primer dia a la universitat. Què m’espera a partir d’avui?

Ha arribat setembre. Enrere queden els nervis de l’examen d’accés a la universitat, les càbales sobre les notes mitjanes, els dubtes sobre quin grau cursar… És el moment de posar el peu a la universitat per primer cop. El batxillerat va ser un bon camp de proves, però és clar que ser universitari representa un salt important. És jugar en una altra divisió. S’entén, per tant, que algunes incerteses assaltin l’estudiant durant les primeres setmanes al campus.

No obstant això, si para atenció, l’universitari novell s’adonarà que fa molt temps que es prepara i que té, dins la motxilla, experiències que l’ajudaran a adaptar-se. Avui dia, la universitat no és una realitat que visqui d’esquena a col·legis i instituts. Abans de concloure el batxillerat, l’estudiant ha tingut l’oportunitat de participar en activitats que l’han acostat a la realitat universitària.

Malgrat tot, és natural que surtin dubtes. Preguntes que busquen respostes. Afortunadament, el nouvingut pot trobar-les. El Servei d’Atenció a l’Estudiant és el lloc indicat per informar-se, orientar-se o assessorar-se. Cap preocupació no és banal, i més quan el centre ofereix un seguiment personalitzat de desenvolupament de l’alumne, tant a través de serveis d’atenció com mitjançant tutories sistemàtiques. Sense oblidar el Servei d’Atenció Psicològica, que ofereix una ajuda a la qual podem recórrer sense cap tipus de reticència.

Precisament, creixement és el que un jove hauria d’esperar del seu període universitari. Els crèdits, els exàmens, les classes i els treballs són només la part elemental, l’esquelet d’un cos que s’ha d’alimentar amb experiències enriquidores. No es tracta només d’atresorar coneixement, l’estudiant ha d’aspirar que la universitat tregui el millor de si mateix. Tindrà poques etapes a la vida amb tantes possibilitats al seu abast: esports, biblioteca, clubs de lectura, música, clubs d’emprenedoria, societats de debat o grups d’estudi de matèries específiques.

Per descomptat, la universitat hauria de servir per adquirir una altra visió del món, més àmplia i diversa. El contacte amb altres cultures, amb persones d’altres països, és clau per desenvolupar una mirada liberal de la realitat. La xarxa d’acords internacionals i les facilitats per estudiar diversos idiomes són algunes de les cartes que les universitats posen a disposició de l’alumne perquè jugui al tauler de la globalització.

Tanmateix, cal saber que no cal anar molt lluny per desenvolupar consciència d’altres realitats, de problemes que creixen i s’agreugen prop de nosaltres. El voluntariat és una manera de conèixer la cara més ombrívola de les nostres societats i donar un cop de mà per alleujar la situació de persones que pateixen. D’això se’n diu créixer amb majúscules.

En definitiva, la norma bàsica per a l’universitari des del primer dia és tenir els ulls ben oberts. Ajudar i deixar-se ajudar. Amb aquesta disposició, li serà més fàcil treure partit dels anys d’universitat i trobar el seu lloc al món. Per a això últim, els estudiants disposen de la gran ajuda del Servei de Pràctiques i Ocupació amb la certesa que, fins i tot després d’haver acabat els estudis, la universitat, a través del Servei d’Alumni, estarà sempre disposada a donar-los l’empenta que necessiten per seguir avançant.


Comprometerse con la igualdad a través de la educación

Si la sociedad actual provee estructuras que allanen el camino al desarrollo del talento se favorecerá la equidad de oportunidades

 

Durante estas semanas se ha hablado mucho de igualdad. Es un concepto que en los dos últimos siglos ha evolucionado mucho. La igualdad fue una de las banderas de las revoluciones liberales. Y, efectivamente, bajo ese impulso fueron cayendo las figuras que institucionalizaban un tratamiento desigual de las personas: estamentos, gremios… Era una igualdad formalista, a la medida de la burguesía dominante, que se centraba únicamente en remover distinciones jurídicas entre los hombres –las mujeres tardaron un siglo más en entrar en la ecuación- pero que le era indiferente si la igualdad formalmente proclamada tenía una traslación real a la vida social y económica de las personas.

Así pues, el reto de los movimientos sociales de finales del XIX y del XX fue traducir en igualdad material el ideal que formalmente se había proclamado. Es una lógica que se manifiesta todavía en muchos campos. De hecho, la causa actual de la mujer discurre por ese mismo camino: el que lleva de la igualdad formal a la material, del ideal a la realidad, de las musas al teatro.

Al final, de lo que estamos hablando es de articular una sociedad en la que haya una efectiva igualdad de oportunidades, y esto, a largo plazo, sólo puede obtenerse si existe un compromiso firme con la educación. El mayor capital de una persona es su talento, sólo si la sociedad provee estructuras que allanen el camino a su desarrollo nos estaremos acercando a la igualdad real.

Para esto se necesita el compromiso de todos los actores sociales: públicos y privados. Es habitual señalar al sector público como el único responsable de sostener la acción social, algo que, por un lado, supone una carga demasiado exigente y, por otro, implica también la exclusión de agentes de la sociedad civil con gran potencial.

En el campo educativo, la implicación de instituciones privadas a la causa de la igualdad es fundamental, ya que su participación ayuda a introducir un factor de pluralidad en el sistema. Esto es algo que en sociedades como la estadounidense tienen muy interiorizado, a través de figuras como el mecenazgo. En España, aunque esta mentalidad filantrópica dista de estar plenamente arraigada en las instituciones privadas, sí hay ejemplos que, desde hace tiempo, están marcando el rumbo.

Uno de estos faros de compromiso con la educación lo proporciona el grupo educativo CEU, en el que se integran diez colegios y tres universidades, y que desde hace años es la institución privada que más fondos destina a ayudas al estudio. Entre ellas se encuentran las becas delCEU Merit Program, que desde su creación no han parado de crecer en número. Las becas se conceden sobre el coste del curso de un grado universitario en función del talento y esfuerzo demostrado en el Bachillerato o en alguno de los ciclos que dan acceso a la universidad. La idea es evitar que el estudiante con buenos resultados deje de cursar el grado que ha elegido por motivos económicos. En el caso concreto de la Universitat Abat Oliba, este año se ofrecen 66 becas -13 de ellas, internacionales- a las que se puede presentar candidatura hasta el 4 de junio.