El conocimiento creativo conduce al emprendimiento y el liderazgo

Es necesario incorporar metodologías de trabajo que fomenten el pensamiento crítico, la creatividad, la resolución de problemas, la toma de decisiones o el trabajo en equipoEs necesario incorporar metodologías de trabajo que fomenten el pensamiento crítico, la creatividad, la resolución de problemas, la toma de decisiones o el trabajo en equipo

Vivimos una revolución. Hay que hacerse a la idea, no asistimos a unas décadas cualesquiera, sino que estamos ante el comienzo de una nueva era que llega de la mano de la digitalización. Y como toda revolución, la transformación digital estira las costuras de lo precedente para dar lugar a nuevas formas adaptadas al signo de los tiempos. Allá donde pongamos la mirada con detenimiento, asistiremos al mismo fenómeno.

La escuela no es una excepción. El conocimiento sigue siendo la llave del progreso y el desarrollo personal, pero ahora la clave no está tanto en poseerlo sino en saber aplicarlo. En sociedades más estáticas, la sola adquisición de unos saberes ya era un valor en sí mismo. La información era valiosa sólo por el hecho de tenerla. Hoy esto no basta y, de hecho, no es lo verdaderamente importante. En un contexto en el que la información y los conocimientos están disponibles, la educación pasa necesariamente porque la persona sea capaz de procesarla y emplearla creativamente según sus necesidades.

Como afirma la profesora del colegio Abat Oliba Spínola, Agustina Lacarte, “debemos preparar a nuestros alumnos para un futuro incierto. Razón por la que es necesario incorporar metodologías de trabajo que fomenten la comunicación, el pensamiento crítico, la creatividad, la resolución de problemas, la toma de decisiones o el trabajo en equipo”. No sabemos, como sucedía hace unas décadas, qué conocimientos necesitará el estudiante en el futuro para desenvolverse, pero sí que su capacidad para adaptarse al cambio y utilizar creativamente los recursos a su alcance marcará la diferencia.

Efectivamente, la transversalidad, la iniciativa creativa y la capacidad de comunicar y trabajar en equipo son ya las cualidades que generan mayor valor añadido en el terreno profesional. Todo ello se manifiesta en un modelo de liderazgo mucho menos jerárquico, más participativo, en el que todo el mundo debe estar preparado para tomar decisiones y comprometerse con ellas. En el liderazgo, el emprendimiento y el crecimiento personal se materializan las competencias transversales a las que antes se ha hecho referencia.

Liderazgo, comunicación y crecimiento personal ofrecen un eje triple que escuelas y colegios deben tener presente, puesto que sobre ellos discurrirá un desarrollo profesional coherente con las aspiraciones vitales. Por esta razón, la Universitat Abat Oliba CEU ofrece a los estudiantes de Bachillerato el Programa de Emprendimiento y Liderazgo. Un ámbito para trabajar, desde distintos ángulos y de la mano de personas que son referentes en sus respectivos campos, las competencias que permiten integrar el conocimiento para emplearlo de forma adaptada y creativa.


Aprobar la asignatura pendiente de la educación emocional

El contexto social reclama que el desarrollo de la inteligencia emocional se sitúe como eje básico de la formación de niños y jóvenes.

Desde hace tiempo, la doctrina pedagógica advierte de la necesidad de que la escuela conceda a la educación emocional la misma importancia que otorga a los aspectos estrictamente cognitivos. La lógica del mundo presente, en el que la interrelación, la adaptabilidad o la comprensión de la complejidad cultural son valores aún más cotizados que el conocimiento técnico o académico, agudiza la necesidad de implantar la educación emocional como prioridad del sistema educativo.

Así que la educación emocional, o la inteligencia emocional, es un tema que irrumpe a poco que se bucee en el debate educativo actual. Al interrogarnos por la cuestión, hay que tener en cuenta que la educación emocional es una cuestión de “orientar la mirada”. Como explica el profesor de Filosofía y Educación emocional y colaborador del Ateneu de l’Alliançe française de Sabadell, Josep Soler, no se trata únicamente identificar “las emociones, sino la idea que hay en ellas. Cuando alguien siente miedo, rabia, indignación, alegría o entusiasmo, tiene que comprender qué idea se manifiesta. Por ejemplo, en la indignación encontramos la idea de justicia”.

Tan importante como tener claro el concepto de educación emocional es saber reconocerla en el alumno. Un ámbito privilegiado para evaluar su buen desarrollo emocional es el trato con los compañeros. Es clave observar “si tiene una buena empatía, es respetuoso, alegre y lo expresa, además de con la palabra, con el gesto y con un talante afable y conciliador”, observa el vicepresidente de la Fundación Joviat y director pedagógico de la Escola Joviat, Jordi Vilaseca. Como facetas a las que el maestro ha de estar atento, este educador también destaca la capacidad de reconocer y expresar el estado de ánimo, de poner palabras a los sentimientos, la forma de resolver los conflictos, las habilidades sociales que se emplean para encontrar el equilibrio o la coherencia entre el comportamiento en la escuela y en la familia. La potenciación de la autonomía del niño contribuirá al despliegue de estas facetas. “Hay que ayudar al alumno a expresar sus necesidades y empoderarlo”.

Hoy, más necesaria que nunca

Una atención sistemática a la educación emocional habría sido básica en cualquier período precedente, pero lo cierto es que hoy la necesidad de priorizarla se ha acentuado. “Es más necesaria por el ambiente en el que crecen los chicos. Hay una frase que resume el espíritu de nuestro tiempo: ‘lo que pasa en tal sitio se queda en tal sitio’. Es como decir ‘lo que pasa cuando estoy enfadado se queda ahí’ y no me lo puedes criticar ahora que ya no lo estoy. Pues no, lo que haces enfadado también tiene consecuencias que no desaparecen cuando dejas de estarlo”, observa Josep Soler. Por este motivo, “una de las tareas más importantes que tenemos es educar las emociones para construir la persona que queremos ser”

Si hablamos de las urgencias propias de nuestro tiempo, la digitalización es un factor que ineludiblemente ha de ser evaluado, dado su impacto social y cultural. Como explica la maestra especializada en educación emocional, Anna Carpena, desde el punto de vista de la educación emocional, el entorno digital ofrece una doble cara. “Puede ser motivador de aprendizajes, pero también crear adicciones, es decir, su uso incentiva emociones positivas y también estresantes, como la ansiedad”. En este sentido, se revela esencial “la competencia emocional de la familia” para gestionar. “Sin duda, las emociones acompañan a las decisiones de poner, o no, límites al uso del entorno digital”.

La preparación del maestro

El contexto social reclama que el desarrollo de la inteligencia emocional se sitúe como eje básico de la formación de niños y jóvenes ¿Pero está nuestro sistema educativo a la altura de este reto? El desarrollo de la educación emocional “no está generalizado ni sistematizado” en nuestra enseñanza. Carpena, que es miembro del comité científico y asesor del Congreso Internacional de Inteligencia Emocional y Bienestar, apunta también a la falta de preparación del profesorado en esta materia. “Estar formado en inteligencia emocional quiere decir haber hecho un trabajo de autoconocimiento y autogestión, lo que implica mantener un proceso de trabajo personal permanentemente”. Si el maestro no puede ofrecer este punto de partida, “se harán actividades que no profundizarán en la consecución de objetivos claros”.

Disponer de una base de fundamentos psicológicos es esencial para que el maestro pueda afrontar significativamente la educación emocional. Es necesario conocer “las necesidades psicológicas de cada etapa vital para poder acompañar y guiar con criterio y coherencia”, apunta Jordi Vilaseca, que destaca la utilidad de modelos como el enfoque emocional de la Pedagogía sistémica.

Difícilmente se puede hablar de un proyecto de educación emocional integral si no se contempla el conjunto de actores: sistema educativo, familia, profesor y, por supuesto, escuela. ¿Cómo hacer que todo el centro participe de un enfoque coherente en este plano? “Nosotros trabajamos la educación emocional tanto en el profesorado, a través de formación continua, talleres, etcétera, como con todos los alumnos”. Mireia Trias, directora de la Escola Nostra Senyora de Lurdes (Barcelona) detalla que “a través de la interiorización, cada mañana hay un tiempo de silencio y relajación que permite al niño centrarse, armonizarse, conectar con sí mismo y descubrir el espacio interior intuitivo y misterioso que hay en él”. La acción tutorial y el ámbito de la convivencia también son importantes, como herramientas fundamentales en el desarrollo de la dimensión social de nuestros alumnos”, añade esta maestra y pedagoga.

Mireia Trias, junto a Anna Carpena, Josep Soler y Jordi Vilaseca, compondrá el plantel de ponentes de la próxima edición monográfica de Education Talks, que se celebrará el 1 de diciembre y se dedicará al tema de la Educación Emocional. Education Talks es una plataforma por la innovación educativa impulsada por la Universitat Abat Oliba CEU. Dentro de #EDUCATIONTalks se organizan encuentros amplios sobre innovación educativa, en los que tienen cabida todo tipo de perspectivas novedosas, y paneles monográficos sobre una cuestión de actualidad en el mundo de la educación. En formatos monográficos anteriores se trató la creatividad en el aula y el aprendizaje basado en proyectos.


El maestro se forja en la escuela

Habilidad para comunicar, capacidad de interacción, creatividad, liderazgo, disposición para la escucha, observación, empatía o asertividad, éstas son algunas de las cualidades que se necesitan hoy para el desempeño de la que, probablemente, es la profesión más importante del mundo: la de maestro.

La enumeración hace referencia a competencias transversales no estricta o exclusivamente vinculadas con un contenido teórico concreto, sino conhabilidades que se expresan en su puesta en práctica. Y como tales, es en la vida en el aula donde pueden aprenderse, desplegarse y pulirse. Si en cualquier oficio el conocimiento del medio es fundamental para ser un trabajador competente, ésta exigencia se acentúa en el caso de la enseñanza en niveles de infantil o primaria. El trato con el niño plantea una diversidad de retos y situaciones que sólo la experiencia enseña a afrontar.

Por los motivos expuestos, la formación del maestro se debe hacer de cara a la realidad de las escuelas, y no de espaldas a ellas. Los fundamentos teóricos de los grados de educación se agotan en sí mismos si no tienen continuidad en la vivencia del hecho educativo. Y más, si cabe, en una escuela como la del siglo XXI, en la que, en lugar de la transmisión de un compendio tasado de conocimientos, se espera que el educador estimule aspectos como la creatividad, la adaptación al cambio, el espíritu crítico o la capacidad de relacionar conceptos.

El maestro debe experimentar durante sus años de formación una inmersión en la escuela, formar parte de ella, conocer sus dinámicas, sus secretos intangibles. Esto es lo que, desde el año pasado, se ha propuesto la Universitat Abat Oliba CEU con la puesta en marcha del Plan de Inmersión Escolar (PIE).

El PIE forma parte esencial de los grados de Educación Infantil Educación Primaria de esta universidad. Este programa permite a los estudiantes la observación de clases reales, la asistencia a juntas de evaluación y planificación, los encuentros con maestros con experiencia para hablar de sus motivaciones y desafíos o la colaboración en iniciativas culturales que se desarrollen en el contexto escolar.

Un atractivo especial del PIE es que los estudiantes pueden comprobar sobre el terreno cómo sus profesores trasladan al aula de la escuela los conceptos que transmiten en las clases de la universidad. Es una ventaja que se deriva de que la UAO CEU pertenezca al mismo grupo educativo que los colegios Loreto Abat Oliba y Cardenal Spínola Abat Oliba (ambos de Barcelona). Una circunstancia que permite que el tránsito del aula de la universidad al de la escuela sea constante y fluido durante toda la carrera.


¿Qué debo valorar al elegir un postgrado?

La oferta de movilidad internacional, los contenidos y el prestigio de los profesores son algunas de las claves para elegir un curso que se adapte a la hoja de ruta profesional

En el contexto de tejidos económicos complejos y entornos profesionales dinámicos, la elección de estudios de postgrado es una cuestión fundamental en la construcción de una carrera profesional. Si el grado es el camino que conduce a la vocación, el postgrado marca la ruta hacia el desarrollo profesional.

La decisión sobre los estudios de postgrado, en primer lugar, tiene que fundamentarse en una hoja de ruta profesional lo más precisa posible. Hay que saber qué se quiere hacer, qué proyección ofrece el sector, qué puede aportarnos y en qué podríamos aportar. Se trata, en definitiva, de hacer una reflexión de segundo grado, más afinada, sobre la propia vocación.

Una vez determinado este aspecto personal, hay que sumergirse en un análisis pormenorizado de la oferta de postgrado disponible. En el sistema universitario actual se distingue entre másteres profesionales y de investigación. Como su nombre indica, los profesionales se orientan al ejercicio en un determinado sector profesional y suelen tener un componente práctico dominante. Los de investigación son títulos habilitantes para desarrollar una actividad investigadora.

En la valoración de un máster, hay que sopesar diversas variables. En primer lugar, estudiar a fondo los contenidos y constatar que, efectivamente, se ajustan a las expectativas y no resultan reiterativos con la formación antes recibida. Junto a ello, es fundamental ponderar el prestigio y nivel de los profesores que imparten el postgrado.

Frecuentemente, un máster se compaginará con otras actividades, ya sean laborales o formativas. Es recomendable valorar la metodología, la distribución de créditos, las características de las prácticas o el tipo de clases (presenciales/on line) desde la óptica de las circunstancias personales.

También es importante el enfoque que cada universidad imprime al máster o postgrado. Para conocer este aspecto, resulta especialmente útil hablar con antiguos alumnos de la titulación que se valora cursar. En la elección de la universidad es útil interesarse por las conexiones con el mundo profesional del máster o el postgrado y con qué red de convenios cuenta.

En relación con este asunto, es bueno interesarse por si el máster o postgrado se imparte en colaboración con una empresa o institución o por entre varias universidades. A menudo, la confluencia de instituciones enriquece el programa de postgrado, ya que cada una aporta su valor diferencial. Además, puede servir para multiplicar contactos que ayudarán a la proyección profesional.

La conexión con el mundo profesional es clave en programas de postgrado. Será muy valioso contar con índices de empleabilidad vinculados a cada máster y conocer cómo funciona el servicio de carreras profesionales de la universidad.

Finalmente, en un mundo globalizado, el hecho de que el máster proporcione una experiencia de movilidad internacional puede marcar la diferencia. Sobre todo, si la estancia en el extranjero se produce en países estratégicos para el sector en el que se desea hacer carrera.

En definitiva, múltiples variables que se deben poner en la balanza y evaluar en función del futuro que la persona imagine para sí.


El primer día en la universidad ¿Qué me espera a partir de hoy?

Ha llegado septiembre. Atrás han quedado los nervios del examen de acceso a la universidad, las cábalas sobre las notas medias, las dudas acerca de qué grado cursar... Es el momento de poner el pie en la universidad por primera vez. El bachillerato fue un buen campo de pruebas, pero está claro que ser universitario representa un salto importante. Es jugar en otra división. Se entiende, por tanto, que algunas incertidumbres asalten al estudiante en las primeras semanas en el campus.

Sin embargo, si repara en ello, el universitario primerizo se dará cuenta de que lleva mucho tiempo preparándose y que tiene en su mochila experiencias que le ayudarán a adaptarse. Hoy la universidad no es una realidad que viva de espaldas a los colegios e institutos. Antes de concluir el bachillerato, el estudiante ha tenido oportunidad de participar en actividades que le han acercado a la realidad universitaria.

A pesar de todo, lo natural es que surjan dudas. Preguntas que buscan respuestas. Afortunadamente, el recién llegado tiene dónde encontrarlas. El Servicio de Atención al estudiante es el lugar indicado para informarse, orientarse o asesorarse. Ninguna preocupación es banal y más cuando el centro ofrece un seguimiento personalizado del desarrollo del alumno, tanto a través de servicios de atención como mediante tutorías sistemáticas. Sin olvidar al Servicio de Atención Psicológica, a cuya ayuda hay que recurrir sin ningún tipo de reticencia.

Precisamente, lo que un joven debe esperar de su período universitario es crecimiento. Los créditos, los exámenes, las clases y los trabajos son sólo la parte elemental, el esqueleto de un cuerpo que hay que alimentar con experiencias enriquecedoras. No se trata sólo de atesorar conocimiento, el estudiante debe aspirar a que la universidad saque lo mejor de sí. Pocas etapas de su vida tendrá con tantas posibilidades a su alcance: deportes, biblioteca, clubes de lectura, música, clubes de emprendimiento, sociedades de debate o grupos de estudio sobre materias específicas.

Por supuesto, la universidad debe servir para adquirir otra visión del mundo, más amplia y diversa. El contacto con otras culturas, con personas de otros países, es clave para desarrollar una mirada amplia de la realidad. La red de acuerdos internacionales y las facilidades para estudiar varios idiomas son algunas de las cartas que las universidades ponen a disposición del alumno para que jueguen en el tablero de la globalización.

Sin embargo, hay que saber que no hace falta ir muy lejos para desarrollar conciencia de otras realidades, de problemas que crecen y se agravan cerca de nosotros. El voluntariado es una forma de conocer el lado sombrío de nuestras sociedades y echar una mano para aliviar la situación de personas que sufren. Esto es crecer con mayúsculas.

En definitiva, lo que un universitario debe hacer desde el primer día es tener los ojos bien abiertos. Ayudar y dejarse ayudar. Con esta disposición, le será más sencillo sacar todo el jugo a los años de universidad y encontrar su sitio en el mundo. Para esto último, los estudiantes de cuentan con la gran ayuda del Servicio de Prácticas y Empleo y con la certeza de que, incluso después de haber terminado los estudios, su universidad, a través del Servicio de Alumni, estará para siempre dispuesta a darles el empujón que necesitan para seguir avanzando.


Èxit a la universitat des del primer dia

El primer any a la universitat és, possiblement, el capítol més intens d’una etapa que marca. I l’emoció ve donada en gran manera per la novetat. Al final del Batxillerat, l’Institut o el Col·legi ja és un territori conegut i arribar a la universitat significa sortir a camp obert, lluny de la zona de confort. Diferents mètodes, diferents formes d’avaluar o nous amics, són alguns dels estímuls que esperen en primer curs al campus.

Alguns dels passos per iniciar amb èxit la primera experiència universitària són:

1. Interpretar els canvis positivament
El primer pas per iniciar amb èxit la primera experiència universitària és interpretar tots els canvis com a incentiu. Cal entendre que es plantegen nous desafiaments i que, si es vol treure tot el suc a l’experiència, s’ha d’estar disposat a fer un pas més enllà de la línia que fins avui marcava el límit.

2. Tenir una bona predisposició
I aquesta actitud de cerca ha de començar en el plànol de les relacions personals. La manera de ser i d’aprendre universitari és més obert, s’expressa en el diàleg, en el contrast d’emocions, pensaments i conviccions amb persones diverses. Per tant, és fonamental una actitud receptiva i disposada a establir contacte amb el nombre més gran de companys possible. Alguns acabaran sent amics per a tota la vida, uns altres, un record que s’evocarà amb simpatia i, per què no reconèixer-ho, també hi haurà qui no deixi marca massa duradora, però tots poden donar alguna cosa diferent. Part crucial del creixement com a universitari és aprofitar aquesta riquesa.

3. Aprofitar les tutories
També cal treure el màxim partit del professor. Assistir a classe des del primer dia, portar al dia l’assignatura i no tenir cap problema a preguntar i posar en comú els dubtes. Les tutories personalitzades que ofereixen les universitats, és l’espai ideal per aprofundir o resoldre qüestions relacionades amb la matèria. El tutor també és una figura clau en l’orientació de l’alumne de cara a traçar la seva vocació professional.

4. La lectura
L’universitari deu també establir una relació especial i freqüent amb les lectures. Sempre cal tenir a mà alguna cosa que llegir: manuals complementaris, assajos, premsa i, fins i tot, gènere de ficció. Formar-se de manera autònoma a través de la lectura és clau per desenvolupar una visió àmplia del món. No cal limitar-se als estrets marges de les anotacions.

5. Activitats fora de l’aula
Des del primer curs, l’estudiant és membre de ple dret de la Facultat. Aquesta posarà al seu abast possibilitats de realització personal molt diverses: activitats culturals, voluntariat, esports…Tot forma part de l’experiència.

6. Experiència internacional
A més, és recomanable tenir present l’oportunitat de viure una experiència internacional mitjançant un programa d’intercanvi o de realitzar pràctiques professionals.

L’èxit de l’etapa universitària no radica només en el títol, sinó en el creixement que s’arribi aconseguir. I es comença des del primer dia.