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Han pasado 20 años desde que el euro se convirtió en la moneda única de la eurozona. En relación al cumplimiento de los requisitos apuntados por la teoría de las Áreas Monetarias Óptimas (AMO) que cimentó la estructura del euro, se puede afirmar que el beneficio de compartir moneda ha superado a los costes. Aunque no se ha cumplido el requisito de similitud de estructuras productivas y su implementación ha contribuido a una mayor especialización productiva.
En relación a la flexibilidad de precios y salarios que permitan un ajuste rápido, sí que se ha producido, como se puede comprobar durante las crisis, dónde algunas economías como la española experimentan un ajuste vía aumento de los niveles de desempleo, unido a una devaluación interna con ajuste de precios y salarios. Respecto a la movilidad de factores, se ha experimentado un aumento de la movilidad de capitales, pero no sucede igual con el factor trabajo.
Otro requisito era la necesidad de un elevado grado de integración financiera. A día de hoy se ha avanzado en este sentido, principalmente en lo que a control bancario se refiere, pero aún no se puede hablar de una integración bancaria stricto sensu. En lo que se refiere a integración fiscal, a día de hoy es muy incipiente, y en el seno de la eurozona existen países con preferencias fiscales, ya sea por la parte del gasto o de los ingresos, muy diferentes. Es decir, se dispone de una única política monetaria pero 19 políticas fiscales diferentes, una distinta para cada país con euro.
Si se analiza la variación de magnitudes de los países de la UE durante estos 20 años, diferenciando el comportamiento de los países de la zona euro, ambos grupos experimentan comportamientos diferentes. Los países con una moneda distinta al euro, a medida que pasan los años, pierden sus posibles ventajas competitivas, mientras que la eurozona presenta un nivel de crecimiento más sólido que el resto de países de la UE.
En los países que adoptan el euro se aprecia una reducción de la variabilidad de las macromagnitudes, apuntando así un claro papel estabilizador de la moneda única en indicadores como el PIB real, el consumo privado, la demanda nacional, la tasa de paro, la inflación, el déficit público o el tipo de interés.
Durante la crisis del Covid, a diferencia de las anteriores crisis, esta vez no se ha puesto en duda la viabilidad del euro, como sí sucedió durante la crisis financiera y la de deuda soberana, pero sí se ha evidenciado que el impacto de una de las crisis más simétricas de le historia ha puesto sobre la mesa la problemática de compartir moneda y política monetaria con 19 recetas fiscales diferentes.
Como ya sucedió en las anteriores crisis, veremos a EEUU salir de la crisis como una unidad, coordinando la política fiscal y la de la reserva federal; a un gigante como China mantener niveles de crecimiento elevados; y a Europa cediendo posiciones en el peso relativo del PIB mundial, como ya sucedió tras la crisis financiera.
Albert Guivernau, profesor de Economía y miembro de la Cátedra Jean Monnet en Integración Fiscal Europea (EUFIS) de la UAO.






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