Fiscal Integration in the European Union

Jean Monnet Chair

Universitat Abat Oliba CEU

Diálogo «¿Qué significa ser europeo?» con Juan Corona y Xavier Ferrer

El próximo jueves 8 de abril a las 12h, desde el equipo de la Cátedra Jean Monnet en Integración Fiscal Europea (EUFIS), junto con el Consell Català del Moviment Europeu, y ADICEC hemos organizado un Diálogo bajo el título «¿Qué significa ser europeo?», con Juan Corona, director de la Cátedra y Xavier Ferrer, presidente del Consell Català del Moviment Europeu, moderado por Dolors Grau, presidenta de ADICEC.

El formato del acto será de semi presencialidad, con la posibilidad de asistir en directo en la Sala de Grados de la Universitat Abat Oliba CEU (previa confirmación vía e-mail a eufis@uao.es) respetando las medidas sanitarias vigentes, y a través del siguiente enlace de Teams de la Cátedra: Unirse a la Reunión.

«Hay que contemplar todas las energías disponibles hoy para la reducción de emisiones» | Crónica del Diálogo con Marcelino Oreja

El consejero delegado de Enagás, Marcelino Oreja, considera que en la cuestión de la reducción de emisiones y la descarbonización es necesario aplicar “medidas restrictivas” con carácter “urgente”. Actualmente, estas medidas “pasan necesariamente por el gas natural”.

“No se pueden dejar pasar quince años hasta que haya nuevas tecnologías”, ha observado durante su intervención en la sesión ‘Principales retos energéticos en Europa’, organizada por el Club Tocqueville y la Cátedra Jean Monnet sobre Integración Fiscal en la UE de la Universitat Abat Oliba CEU.

Hay que desarrollar algunas restricciones, por ejemplo en el caso de los barcos. “A día de hoy el gas natural es la única alternativa sostenible que permite reducir emisiones y mejorar la calidad del aire de los entornos portuarios”, ha señalado.

Esto último le ha conducido a hablar del caso de Barcelona, ciudad en la que “hay muchas medidas para el fomento del vehículo eléctrico” y en la que “sería bueno impulsar más medidas para reducir emisiones en el puerto”.

Oreja vaticina que el gas estará presente durante largo tiempo en nuestro mix energético. Por un lado, “cumple un papel fundamental” para garantizar la seguridad del suministro. Por otro, su papel es indiscutible en la descarbonización, ya que hay sectores que actualmente son contaminantes y que no son electrificables. Se ha referido a gran parte de la industria, al transporte pesado, a parte del ferrocarril y al transporte marítimo. Una enumeración que le ha llevado a recordar que descarbonizar “no equivale necesariamente a electrificar”.

En el tránsito a la eliminación de la huella de carbono, considera importante encontrar el equilibrio entre el principio de que “pague más quien más contamina” con la no penalización de las personas con menos recursos.

También ha tenido ocasión de referirse al impacto en el sector de los fondos del Next Generation UE. “El 37% de los fondos está asignado a la transición ecológica. Si invertimos bien este dinero deberíamos, además de transformar el modelo, aprovechar para reindustrializar el país”.

A su juicio, apostar por la vía del hidrógeno y el biometano como combustibles también puede abrir oportunidades a la industrialización, la inversión en nuevas tecnologías y la reactivación de zonas despobladas y las afectadas por la transición ecológica.

Diálogo «Principales retos energéticos en Europa» con Marcelino Oreja

El próximo martes 16 de Marzo a las 19h, desde el equipo de la Cátedra Jean Monnet en Integración Fiscal Europea (EUFIS), junto con el Club Tocqueville, hemos organizado un Diálogo bajo el título «Principales retos energéticos en Europa», con Marcelino Oreja, consejero delegado de Enagás.

El formato del acto será de semi presencialidad, con la posibilidad de asistir en directo en la Sala de Grados de la Universitat Abat Oliba CEU (previa confirmación vía e-mail a eufis@uao.es) respetando las medidas sanitarias vigentes, y a través del Zoom de la Cátedra.

¿Sabremos aprovechar los fondos europeos?

Leer artículo en Catalunya Press

La crisis derivada de la Covid-19 ha provocado la mayor crisis de la economía española del último siglo, sólo equiparable a la destrucción de actividad económica provocada por la guerra civil. En 2020 el PIB de la economía española cayó un 11%, la mayor caída desde 1936 cuando la guerra civil contrajo la economía un 26,8%. Los niveles de deuda pública también se han disparado hasta el 117,1% del PIB, cifra no alcanzada desde 1902. Si bien es cierto que en 2021 se prevé una fuerte recuperación es posible que se tarde varios años en recuperar los valores pre Covid-19. A modo de ejemplo, España no recuperó su PIB nominal de 2008, cuando estalló la crisis financiera, hasta 2016, ocho años después. Y ahora la caída de la economía ha resultado cuatro veces superior a la de entonces.

Para hacer frente a esta situación, se ha articulado una amplia reacción de la política económica tanto en el ámbito nacional como supranacional, en especial desde las instituciones europeas, y que afecta a la política fiscal, la monetaria y la financiera. El pasado 17 de diciembre de aprobó el nuevo Marco Financiero Plurianual (MFP) –el presupuesto a largo plazo de la UE-, y la creación del instrumento de recuperación de emergencia Next Generation EU (NGEU).

El NGEU es un nuevo instrumento de carácter temporal y complementario al presupuesto europeo, que pretende reactivar la economía, pero sobretodo empujarla hacia la digitalización y la transición ecológica. Es decir, no trata de recuperar la economía de antes de la pandemia sino de transformarla. Está dotado de un importe potencialmente disponible de hasta 750.000 millones de euros, cuyos desembolsos se harán en forma de transferencias directas (hasta 312.500 millones) y préstamos (hasta 360.000 millones). El plan puede llegar hasta esos 750.000 millones pero dependerá de muchos factores, entre ellos la capacidad de los países para presentar proyectos transformadores interesantes y ejecutarlos en tiempo. El 90% de recursos de este fondo van destinados al Mecanismo de Recuperación y Resiliencia (MRR), creado para apoyar a las inversiones y reformas estructurales en los estados miembros.

La coletilla “potencialmente disponibles” también guarda relación con el mecanismo por el cual la Comisión Europea pretende obtener los fondos, ya que el NGEU será financiado a través de la emisión de deuda común en los mercados financieros, convirtiéndose en uno de los mayores avances en integración fiscal europea.

Del NGEU España tendrá potencialmente disponibles hasta 140.000 millones de euros entre transferencias directas y préstamos, el segundo país que más reciba después de Italia, cuyo plazo de ejecución será de 4 años en el caso de las reformas y 6 años en el caso de las inversiones. De momento el Gobierno sólo optará a los fondos que le tocan vía transferencias directas, más de 77.000 millones.

El proyecto del Gobierno para hacer uso de esos recursos se encuentra en el Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia, presentado hace unos días por el presidente Pedro Sánchez, y que abarca el período 2021-2026. El plan se divide en cuatro ejes: transición ecológica, digitalización, igualdad de género, cohesión social y territorial; y 10 políticas “palanca”. De los cuatro ejes prácticamente el 70% de los fondos se destinarán a los dos primeros: transición ecológica y digitalización. Sin embargo, el inicio de los desembolsos del fondo está sujeto a la aprobación del Plan español por parte de la Comisión Europea, que lo evaluará en base a diferentes criterios, entre los cuales destaca que el plan propuesto mantenga una coherencia con las recomendaciones específicas por país del Semestre Europeo, además de analizar su impacto en el crecimiento económico y la creación de empleo, y su contribución a la transición ecológica y digital. Es decir, la disponibilidad de los fondos está sujeta a condicionalidad y la Comisión sólo adelantará el 10% de los fondos y sólo abonará el resto en función del grado de cumplimiento de los objetivos fijados.

Uno de los principales conflictos referentes al plan presentado por España hace referencia a la gestión de los fondos. El Consejo de Estado elaboró un informe en el que incidía en la necesidad de reforzar el control sobre los fondos y que no se sacrificara parte del proceso de control previo en aras de la urgencia. En el ámbito internacional la duda surge sobre la capacidad del Gobierno para presentar proyectos transformadores y que sea el Gobierno quién determine los proyectos más adecuados y no un organismo independiente con un perfil más técnico. Es inevitable la comparación con Italia, dónde las grandes líneas de los proyectos se elaboraron bajo el impulso de Vittorio Colao, ex director ejecutivo de Vodafone, o el de Grecia, donde lo hicieron con Cristóbal Pissarides, premio Nobel de Economía. En el caso de España, si bien el Estado coordinará la ejecución de las inversiones, buena parte del trabajo recaerá directamente en las CCAA.

Estos fondos suponen para España una oportunidad única, sólo comparable al impulso que vivió nuestro país con los Fondos de Cohesión y Desarrollo, cuyo éxito dependerá de la iniciativa público-privada y la capacidad de ejecución. Aunque aparejados a estas oportunidades aparecen algunos riesgos.

El primero hace referencia a la capacidad de ejecución de los fondos, que han de estar ejecutados en su totalidad antes de 2026. A modo de referencia, del anterior MFP (2014-2020) España sólo ejecutó el 34% de los Fondos a los que pudo tener acceso. Por lo tanto, existen dudas reales sobre la capacidad de las administraciones para gastar tanto dinero, de forma eficiente y en un período de tiempo tan reducido. En este sentido cobran importancia los Proyectos Estratégicos para la Recuperación y Transformación Económica, o “PERTE” como nueva figura de colaboración público-privada.

El segundo riesgo hace referencia a la idoneidad de los proyectos en qué se inviertan las ayudas. En el proyecto presentado por el Gobierno el 7,1% de los fondos se destinarán a inversiones directas y el 72,6% a transferencias de capital. Por ámbitos temáticos, más del 50% del total de fondos se dedicarían a ayudas a la inversión en la industria y en el sector energético, infraestructuras e investigación, desarrollo e innovación. Es decir, que gran parte de los fondos se convertirán en pago de inversión en el sector privado a través de transferencias de capital. Aquí las administraciones pueden verse en dificultades para evaluar y elegir los mejores proyectos. La competencia entre proyectos, la selección fundamentada en criterios objetivos y aplicar criterios de eficiencia debe ser un imperativo.

Y el tercero, que es la capacidad para demostrar que efectivamente los proyectos presentados ponen énfasis en afrontar los retos que expone el Semestre Europeo y también que la manera propuesta es la mejor para lograr los objetivos. Básicamente, justificar que las inversiones y reformas están orientados a fortalecer el sistema sanitario, mejorar el funcionamiento del mercado de trabajo, facilitar liquidez a las PYMEs, promover la inversión, reforzar la investigación, reducir la desigualdad y reformas regulatorias, que son los ámbitos que apuntó el Semestre Europeo. Es decir, que los fondos podrían ayudar a que nuestro país acometa algunas de las reformas estructurales pendientes.

Cabe destacar que el Next Generation EU es un elemento más de la respuesta europea a la crisis generada por la Covid-19, pero no el único. Relevante ha sido el papel del BCE con sus programas de compra masiva de activos y la provisión de financiación a largo plazo para entidades financieras, que ha permitido que nuestro país pueda financiarse a tipos de interés muy bajos. Por otro lado, el Eurogrupo creó la triple red de seguridad (para trabajadores, empresas y deuda soberana), incluyendo la creación del SURE para financiar los ERTE, con 100.000 millones de euros, el Fondo de Garantía del BEI, dotado con 200.000 millones de euros, para facilitar el crédito al sector privado, y una nueva línea del Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE), dotada con 240.000 millones de euros.

Albert Guivernau es Profesor de Economía de la Universitat Abat Oliba CEU y miembro de la Cátedra Jean Monnet en Integración Fiscal Europea (EUFIS).

La Cátedra EUFIS se presenta en un momento clave

En un momento que puede marcar un punto de inflexión en la UE, nuestra universidad ha presentado públicamente su nueva Cátedra Jean Monnet en Integración Fiscal en la UE (EUFIS). El acto se ha celebrado en la sede de la Representación de la Comisión Europea en Barcelona.

La presentación ha contado con la participación del director de la Representación de la Comisión Europea en España, Francisco Fonseca, que ha pronunciado unas palabras en las que ha subrayado la pertinencia del tema al que se dedica la cátedra: “Es el paso que nos falta”.

Nuestro rector, Rafael Rodríguez-Ponga, se ha referido a la vocación europeísta de la Universitat y al hecho de que la nueva cátedra permitirá “profundizar en los estudios internacionales”.

Por su parte, el director de la Cátedra EUFIS, Juan Corona, ha defendido la necesidad de acometer una armonización fiscal entre los estados miembros. Se trata de evitar que la divergencia entre sistemas impositivos genere “distorsiones” en el funcionamiento del mercado único. Entre estas disfunciones figuran “los movimientos de capitales motivados por las diferencias en los regímenes de fiscalidad”.

Corona considera que deben ser las instituciones las que lideren la integración fiscal. La experiencia demuestra que la dinámica del mercado “no armoniza por sí sola” la fiscalidad de los distintos países miembros. “Tienen que intervenir las instituciones europeas” y, a su juicio, deben hacerlo de una forma imperativa. Como ha expresado, las recomendaciones no bastan; hay que actuar mediante el instrumento de las directivas, aunque ha reconocido que la aprobación de una norma de este rango sobre la materia conlleva grandes dificultades.

Cátedra Jean Monnet

La nueva cátedra se asocia al sello Jean Monnet, al haber sido uno de los proyectos seleccionados para financiación por la Education, Audiovisual and Culture Executive Agency (EACEA), de la Comisión Europea, entre las 1447 solicitudes válidas recibidas.

A través de esta cátedra, la UAO CEU desarrollará actividades de investigación, docencia y divulgación de temas relacionados con la Unión Europea. Durante los próximos tres años, contará para ello con financiación procedente de fondos competitivos europeos, obtenidos en la convocatoria Erasmus+ de actividades Jean Monnet de 2020.

En el proyecto se plantea un triple objetivo: transmitir a los estudiantes un conocimiento profundo del sistema europeo, desarrollar proyectos de investigación que permitan la especialización en los estudios europeos, y actuar como vehículo de transmisión de conocimientos acerca de la integración europea a alumnos de bachillerato, élites políticas locales y regionales y sociedad civil en general.

El momento de la integración fiscal

Dentro de este propósito europeísta general, se centrará más concretamente en el ámbito de la integración fiscal entre los países de la UE, fundamentalmente entre los miembros del Eurogrupo.

Consideran los promotores de la cátedra que la integración fiscal es uno de los grandes retos que tiene ante sí la zona euro tras haber acometido la unión monetaria. Además, apuntan que la respuesta de la UE a la crisis derivada de la pandemia ha incluido decisiones que marcan hitos relevantes en esta dirección. El aumento del presupuesto comunitario y la aprobación, por primera vez, de instrumentos de deuda mancomunada entre los estados son pasos cualitativos que podrían marcar una etapa de mayor y más rápida integración fiscal.

Vídeo completo de la Presentación:

La UE, en el filo de su momento hamiltoniano | Crónica del Diálogo con Luis Garicano y Pablo R. Suanzes

La Unión Europea está en el momento de la verdad. O se corona o se desmorona. Si el programa de vacunación común y el desarrollo de los proyectos del Next Generation se hacen exitosamente, se podría entrar en una nueva etapa de crecimiento y mayor integración. Sin embargo, si los planes comunitarios fallan en estos dos frentes, “olvídate de Europa”.

Así lo percibe el vicepresidente de Renew Europe (grupo liberal en el Parlamento Europeo) y portavoz de Ciudadanos Europa, Luis Garicano, que ha participado en una sesión organizada por la Cátedra Jean Monnet sobre Integración Fiscal en la UE (EUFIS) de la Universitat.

Tanto la vacunación como la puesta en marcha y desarrollo del fondo de reconstrucción son asuntos “de vida o muerte” para la UE. En el tema de las vacunas, no puede permitirse el lujo de quedar mal en la comparación con el Reino Unido, ya que reforzaría el mensaje sobre la lentitud de la burocracia comunitaria y “todo lo malo podría pasar”. Una cosa parecida sucede con los fondos del Next Generation: “Si se gastaran mal, Europa saldría tocada de muerte”.

Momento hamiltoniano

Como en tantas otras ocasiones históricas, el riesgo llega acompañado de la oportunidad. Tanto que podría hablarse de un momento hamiltoniano en el seno de la UE. Para que esto sea así, se necesitaría caminar hacia un “sistema de recursos propios para que la Unión se financie de manera autónoma”.

En este sentido, Garicano advierte que si el dinero del fondo “sale a costa del dinero del futuro”, Europa seguirá igual de “maniatada”; pero si la UE se dota de recursos a través de tasas como la del carbono, la digital o la de los plásticos, entonces, “habrá futuro”.

Gobernanza y transparencia

Está, pues, todo muy abierto. Actualmente, los estados están en la fase de elaboración de proyectos para aplicar los recursos del Next Generation. En el caso español, Garicano percibe falta de “gobernanza y de transparencia” en la forma en que el gobierno está enfocando el asunto.

Se puede hablar de falta de gobernanza porque no se ha contado con la opinión de expertos, lo cual es “peligroso”, ya que en el equipo de Moncloa no hay gente “con experiencia en grandes inversiones”, ha observado el europarlamentario. Y falta de transparencia porque “no se sabe cómo pedir el dinero ni se conoce cómo se va a gastar”.

A su juicio, los proyectos deberían incidir en aquellas recomendaciones de la Comisión que España lleva años desoyendo: actuar sobre las políticas de empleo, la educación, el mercado interior o los procesos de insolvencia, ha enumerado.

Garicano ha compartido impresiones con el corresponsal de El Mundo en Bruselas, Pablo R. Suances. Este ha coincidido con Garicano en valorar la trascendencia del momento presente para el proyecto europeo. Reconoce a los políticos comunitarios el mérito de haber negociado simultáneamente el Fondo de Rescate y el Next Generation, y todo ello sin Reino Unido. Según ha expresado, “podemos estar ante el núcleo de un Tesoro Europeo”. Sin embargo, todo está a expensas de una gran diversidad de factores, entre los que destaca la incertidumbre que genera el relevo de Merkel en Alemania.

La sesión ha sido conducida por el miembro de la Cátedra EUFIS y profesor de Economía de la Universitat Albert Guivernau, y presentada por el director de la Cátedra EUFIS y rector honorario, Juan Corona.

Vídeo completo del Diálogo:

Diálogo «Negociación, acuerdo y oportunidad del Plan Next Generation EU»

El próximo martes 9 de Febrero a las 12h, desde el equipo de la Cátedra Jean Monnet en Integración Fiscal Europea (EUFIS), hemos organizado un Diálogo bajo el título «Negociación, acuerdo y oportunidad del Plan Next Generation EU», en el que participarán Luis Garicano, vicepresidente de Renew Europe en el Parlamento Europeo; y Pablo R. Suanzes, corresponsal de El Mundo en Bruselas.

El acto lo introducirá el Dr. Juan Corona, rector honorario de la UAO y director de la cátedra; y lo moderará Albert Guivernau, profesor de economía de la UAO y miembro de la cátedra.

El acto se podrá seguir en directo a través del Canal de Youtube.

Reactivar la responsabilidad

Leer artículo en The Diplomat in Spain

Es frecuente oír hablar de los fondos del Plan Next Generation EU como uno de los principales motores de la reactivación económica de la UE tras la pandemia, especialmente en España. Se trata de unos fondos extraordinarios fruto de un acuerdo histórico que ha propiciado ampliar el presupuesto de la Comisión hasta valores cercanos al 2% del PIB europeo y, por primera vez, emitir deuda común. Pero ¿nos van a permitir salir de la crisis económica derivada de la Covid-19? La respuesta es no, o como mínimo no del todo.

La responsabilidad de reactivar la economía es de los propios estados, que son los que disponen de los instrumentos de política fiscal –impuestos, gasto público y transferencias- para incidir en la actividad económica, cuya medida más estandarizada es la tasa de crecimiento del PIB. Lo recuerda tanto la Comisión, cada vez que se le brinda la oportunidad, como el BCE, que insiste a los estados en que gasten todo lo necesario, que Frankfurt siempre estará ahí para ayudarles a financiarse con una política monetaria expansiva cuya duración parece no tener fin. El éxito o no en la recuperación tras la crisis de cada estado dependerá casi en exclusiva de su política económica y su estructura productiva, no de los fondos Next Generation EU, que por otro lado tardaremos en recibir.

El Plan Next Generation EU no busca una recuperación de la economía para situarla en los valores previos a la pandemia, sino la transformación de esas economías. Los principales ejes de actuación serán la investigación y el desarrollo, la transformación digital, la lucha contra el cambio climático o la modernización de políticas tradicionales. Este enfoque dista mucho del Plan E con el que se trató de afrontar en España la crisis financiera de 2008, cuando el único objetivo era gastar, sin importar mucho en qué. Con el Plan propuesto por la Comisión se obliga a los estados a presentar proyectos concretos de transformación económica –ya no valen grandes infraestructuras, polideportivos o carreteras-, y aquí nuestro país deja mucho que desear, más después de haberse conocido que durante los últimos 10 años únicamente se ha aprovechado, por falta de proyectos, poco más del 30% de fondos estructurales a los que se tenía derecho.

Mientras que las previsiones de la primera llegada de los fondos Next Generation EU –un 10% de los 140.000 millones potencialmente disponibles para España- está prevista para este verano, más de un año después del acuerdo para la creación del Plan, el BCE está actuando de forma ágil y contundente para facilitar liquidez a los estados. En la última reunión del consejo de gobierno del BCE se amplió en 500.000 millones de euros más su programa de compra de activos, alcanzando los 1,85 billones de euros, con un compromiso de mantener los estímulos el tiempo que fuera necesario. Esta política monetaria está permitiendo que los estados se financien a tipos muy bajos (incluso negativos), beneficiando a países que de lo contrario serían penalizados por los mercados, como España, Italia o Francia. El lado oscuro de este programa de compras es el aumento del balance del BCE hasta los 7 billones de euros, el 62% del PIB de la eurozona, así como la generación de incentivos perversos a la hora de endeudarse.

En el caso de España el problema no es la capacidad para endeudarse, que es buena, sino para qué se endeuda. La ratio deuda pública sobre PIB, la más utilizada a la hora de comparar, arroja un valor cuantitativo, mientras el diferencial entre las previsiones de recuperación económica de los diferentes países de la UE se debe a elementos cualitativos. No importa tanto endeudarse sino para qué: si la deuda es para modernizar la economía, generar más y mejores puestos de trabajo o impulsar la transformación de la estructura productiva, se podría considerar una inversión. Mientras que si la deuda se utiliza para pagar sueldos públicos, ERTEs o subsidios, este endeudamiento se enquistaría. Las dos opciones implican un igual desembolso de fondos públicos, pero no son lo mismo.

En resumen, los fondos Next Generation EU pueden ayudar, aunque lleguen tarde, pero no serán “el motor” de la reactivación económica, como se pretende hacer ver desde muchas instituciones. El BCE está ayudando a contener el impacto económico de forma rápida y ágil, como la situación lo requiere, convirtiéndose en verdadero héroe de esta recesión. En el caso de España, como en el resto de estados miembros, la capacidad de salir de la crisis dependerá de su política económica, no tanto del papel de los fondos europeos, que por su lado buscan una transformación de la economía, no volver a reconstruir lo que había antes. Esta crisis puede que sea la última que afronte la eurozona sin avanzar en su integración fiscal. Una vez más, veremos a EEUU, con una política fiscal y monetaria coordinada, salir antes de la crisis que el conjunto de la eurozona.

Albert Guivernau es Profesor de Economía de la Universitat Abat Oliba CEU y miembro de la Cátedra Jean Monnet en Integración Fiscal Europea (EUFIS).

Participación en el Programa Herrera en Cope de Cadena Cope

Escuchar audio: aquí

Albert Guivernau, profesor de Economía de la Universitat Abat Oliba y miembro de la Cátedra Jean Monnet en Integración Fiscal Europea (EUFIS) participa en el programa Herrera en Cope de Cadena Cope analizando las persepectivas económicas para España y para el conjunto de Europa.

Participación en el Programa De Boca a Orella de RNE (30/10/20)

Escuchar audio: aquí

Albert Guivernau, profesor de Economía de la Universitat Abat Oliba CEU y miembro de la Cátedra Jean Monnet en Integración Fiscal Europea (EUFIS) analiza en el Programa «De Boca a Orella» (RNE-Ràdio4) las previsiones económicas para España durante la crisis de la Covid-19.

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