De la mano por la deuda hipotecaria de las familias

“Si utilizamos el argumento del catastrofismo económico corremos el riesgo de que la fuerza de los hechos se nos gire en contra”. el economista Joan Ripoll, Doctor en economía internacional y profesor agregado de la Universidad Abat Oliba CEU de Barcelona, rememora estas palabras pronunciadas por John Kay, un reputado analista británico que pronunció esta frase en los días previos a la votación sobre la independencia de Escocia.

Ripoll toma prestadas las palabras de Kay cuando se acuerda de todos los presagios pesimistas sobre el futuro de una Cataluña independiente que han ido apareciendo en los medios desde que el presidente de la Generalitat de Cataluña, artur mas, anunciase un referéndum soberanista para el próximo 9 de noviembre.

El economista Jose Luis Feito presidente de la comisión de economía de la CEOE, y el banco suizo UBSpreveían un porvenir de lo más negro para el hipotético nuevo país en un artículo publicado por idealista news el pasado 12 de septiembre. Incluso Feito se aventuraba a decir que  “miles de delincuentes, defraudadores y terroristas buscarían refugio en una cataluña independiente” que vería como su mercado inmobiliario se hundiría.

Sin embargo, toda historia tiene –como mínimo– dos versiones. Para Ripoll, las previsiones demasiado catastrofistas “podrían llegar a desacreditar otros argumentos que sí son consistentes desde el punto de vista jurídico o económico”.

Asegura que es muy sencillo ofrecer previsiones muy catastrofistas o muy optimistas respecto a qué sucedería en una hipotética Cataluña independiente, pero tiene claro que “conocer lo que realmente va a suceder, cuando todavía no se sabe si se va a votar o no, es un ejercicio de gimnasia intelectual y de economía ficción”.

Hay quien pinta un futuro muy, muy negro…
Nadie sabe a ciencia cierta lo que sucedería en una cataluña hipotéticamente independiente, ni estando a favor ni estando en contra. si el hecho de votar es aún incierto, imagínate lo que implica hacer predicciones mucho más allá.

Y, puestos a adivinar el futuro, ¿cómo afectaría la independencia al mercado inmobiliario?
Desde la racionalidad económica, es poco plausible un hundimiento del precio de la vivienda. Sí podría suceder desde la visceralidad, en términos de boicot o por pánico. Hay quien argumenta que personas que tienen segundas residencias en localidades turísticas de cataluña dejarían de venir tras la independencia. Quizá sí o quizá no. Si la independencia se acabase dando, el sol seguiría saliendo en cataluña. Las playas seguirán siendo las mismas y, por lo tanto, no habría ninguna motivación racional para dejar de venir. Además, la mayor parte de las segundas residencias en la costa catalana son propiedad de catalanes.

Es decir, que no castigaría demasiado a los precios de la vivienda…
Sí, algo sí, pero ni los hundiría ni provocaría un importante excedente de casas como prevén los más agoreros. Sería un ajuste meramente temporal porque ese huir de Cataluña respondería a una reacción sentimental pero en ningún caso económica. Es más, es posible que quienes tomasen la decisión de vender sus propiedades en Cataluña se arrepintiesen con el tiempo. Lo más razonable en términos económicos sería mantener la inversión.

Pero al pequeño inversor podría asustarle una hipotética salida del euro y cómo eso afectaría al valor de su vivienda.
No veo factible que una Cataluña independiente saliera del euro. el principal motivo es que aquí, igual que en el resto de España, hay un segmento de población fuertemente endeudado con hipotecas a raíz de la época del ‘boom’ inmobiliario. Esas deudas contraídas por las familias y las empresas con entidades bancarias están en euros. Si a raíz de la independencia se adoptase una nueva moneda, de entrada tendría menos valor que el euro, con lo que la deuda se multiplicaría hasta hacerse inasumible. Por eso, si llega a darse en algún momento la independencia será manteniendo la misma moneda. Estamos condenados a seguir con el euro.

¿Cómo podrían mantener el euro?
Hay dos maneras. En primer lugar, con un permiso negociado con la unión europea que reconozca Cataluña como un estado que tiene el plácet para usar esa moneda como el caso de Andorra o el Vaticano. También Cataluña se podría tomar la libertad de asumir el euro como moneda propia sin la aprobación de la UE. No nos quedaría más remedio. Hay precedentes como el de ecuador, que usa como moneda el dólar, aunque no tiene la autorización expresa de EEUU. De la misma manera que por el elevado endeudamiento era inviable para España recuperar la peseta, para Cataluña sería imposible adoptar su propia moneda.

Y, hablando de endeudamiento, ¿cómo afectaría la independencia al mercado hipotecario?
Si se produce la independencia, algo que pongo en duda porque si se votara no tengo claro que el ‘sí’ ganase, la clave sería cómo se negocia el proceso de transición. Si se produce una declaración unilateral, el ajuste sería traumático. Sin embargo, no es una opción realista. Si Cataluña acaba siendo un país independiente será el final de un proceso largo de como mínimo dos años o más de negociación. Las dos partes están forzadas a entenderse

¿Y las hipotecas?
En caso de una resolución negociada del conflicto, no habría restricción del crédito hipotecario. y, como presumiblemente la renta de los catalanes aumentaría con la independencia, esa mayor disponibilidad de riqueza haría que los catalanes fueran más solventes y la morosidad fuese menor. Por tanto, las condiciones para conceder préstamos hipotecarios serían mucho más ventajosas.

Bueno… dependiendo de cómo se produjese esa posible independencia, habría gente que podría decidir marcharse de Cataluña o sacar su capital ante la incertidumbre. ¿Podría afrontarlo el nuevo país y su sistema bancario?
El banco es un negocio ilíquido por definición. Depende mucho de la confianza de los clientes y, por lo tanto, cualquier circunstancia que altere esa confianza puede generar inestabilidad. si la ruptura es absoluta y, entrando en el terreno de la visceralidad, personas que se sienten españolas deciden hacer un boicot financiero a entidades catalanas, puede producirse una retirada masiva de fondos. Pero, en la medida en que están respaldadas por el Banco de España y por el Banco Central Europeo, hacen que este escenario sea poco realista

Entonces, ¿sería un buen negocio para cataluña la independencia? 
En términos estrictamente económicos, sí. Actualmente a Cataluña le cuesta ser español entre 11.000 y 16.000 millones de euros al año, que es la diferencia entre lo que los catalanes aportan al estado en concepto de impuestos y lo que reciben del gobierno de España en concepto de inversiones y transferencias públicas. Ser un país independiente nos costaría unos 8.000 millones, según varios estudios, entre ellos uno elaborado por el banco de inversión Morgan Stanley. Teniendo en cuenta estas cifras, el saldo neto que tendríamos una vez alcanzada una hipotética independencia sería de entre 3.000 y 8.000 millones. esto representa entre un 2-4% del pib neto adicional, por eso los partidarios de la independencia defienden que sería un buen negocio.

Y Morgan Stanley, ¿contempla un escenario en el que empresas, particulares y bancos puedan salir de cataluña tras la independencia?
Sí. Contempla la posibilidad de que bancos catalanes como La Caixa o Banco Sabadell trasladen su sede social a Madrid, pero una cosa es trasladar tu sede social y otra muy distinta dejar de operar en Cataluña. Además, estrictamente hablando, no existen bancos catalanes. Todos operan con una licencia del Banco de España. si se da la independencia, esos bancos, independientemente de dónde tengan su sede social, conservarán su licencia para operar en el resto de España. Además, aunque se trasladen fuera de Cataluña, ningún banco, ni catalán ni del resto de España, va a renunciar a un mercado potencial de 7 millones de habitantes.

Cambiar la sede social implicaría traslado de personas o pérdida de puestos de trabajo en cataluña…
Es posible, pero al final todo depende de qué es lo que implique trasladar la sede social. Puede que, en el mejor de los escenarios, se limite únicamente a tener una dirección en alguna calle de Madrid a efectos legales. en este caso el impacto sería nulo comparado con si se trasladase toda la estructura del banco fuera de la geografía catalana. Además, que los bancos catalanes cambien de territorio no tendría por qué implicar una retirada masiva de fondos de sus clientes.

Es decir, que estamos condenados a ir de la mano, juntos o separados.
Sí. El gobierno de españa tiene una elevada deuda pública y sus mayores tenedores son inversores internacionales. Cataluña representa algo menos del 20% del PIB español por lo que se separa de manera unilateral, descendería de manera súbita de algo más de un billón de euros a 800.000 millones. Automáticamente el porcentaje de deuda soberana sobre el PIBse dispararía y la solvencia del estado español quedaría cuestionada. La amenaza de insolvencia aumentaría las posibilidades de que españa fuese intervenida por organismos internacionales. El riesgo que eso podría suponer sobre la Unión Europea forzaría necesariamente una solución negociada del conflicto. A una Cataluña independiente podría asumir parte de esa deuda, como contrapartida a toda una serie de prebendas como el reconocimiento internacional o la reincorporación a la UE.

¿Sucedió así en otros procesos como el de la antigua checoslovaquia?
En checoslovaquia fue muy sencillo. Los checos eran la parte rica del país y los eslovacos, la pobre. Lo tenían claro y decidieron separarse amistosamente a finales de 1992, sin ningún tipo de conflicto y a instancia, paradójicamente, del parlamento eslovaco. Aunque eran un único país, ambas partes se sentían como entidades distintas, de ahí la expresión “divorcio de terciopelo” con la que se caracterizó el proceso de secesión. Algo parecido sucedió en el caso de noruega y suecia en 1905. Los unos dijeron ‘que nos vamos’ y los otros respondieron ‘pues que os vaya bien’.

Y, ¿qué pasaría aquí?
En el caso español los lazos son mucho más intensos porque tenemos una historia común mucho más fuerte. Además, aunque suene a tópico, somos latinos y hay un componente de visceralidad e irracionalidad que dificulta el proceso. Eso sí, el conflicto u hostilidad permanente resultan del todo insostenibles. Estamos condenados a entendernos en la unión o en la secesión.

 

Fuente:  www.idealista.com/news, 20 de octubre de 2014

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