Del “Brexit al “Regrexit”

George Soros titula su último artículo “The promise of Regrexit” publicado en diversos medios de amplia difusión y que puede leerse en la página Project Syndicate, toda una toma de posición de quien ha visto, vivido, e influido en muchas crisis monetarias y económicas de las pasadas décadas.

Soros nos recuerda que la crisis de los refugiados era el mayor problema de Europa hasta que, tras el referéndum en el Reino Unido, las preocupaciones, incluida, claro está, la de los refugiados, se centran en la posible desintegración del proyecto europeo, tal como hoy lo conocemos.

El resultado del referéndum, por una escasa diferencia, llegó casi por sorpresa, la mañana siguiente de la votación, así lo estima Soros. Hay que destacar que muchas encuestas anunciaban un resultado ajustado, pero partidario de la permanencia.

En su último artículo, el autor de The Alchemy of Finance, destaca que, junto a la contrariedad que para muchos supone la salida del Reino Unido de la Unión Europea,  ha surgido una campaña partidaria de la permanencia en Europa,  apoyada por más de cuatro millones de personas, tras la protesta que tuvo lugar en Londres, hace pocos días. Dicha plataforma solicita un nuevo referéndum donde el resultado, en uno u otro sentido, deba ser superior al 60%, para tomar decisiones de tanta trascendencia.

Lo ocurrido fue una sorpresa, en especial para los jóvenes. Muchos de los que no han cumplido 35 años incluso ni llegaron ni a votar y, además, algunos de los principales instigadores de la salida han dimitido de sus funciones y no trabajan para la nueva etapa que promovían con tanta dedicación.

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Opina Soros que ese movimiento pendular, de los jóvenes que desean una Europa unida, puede ser positivo para que, en otros países de la Unión, se promuevan posiciones también integradoras y cree que en los próximos meses crecerá la sensación de que, una mayor unión es necesaria, aunque con reformas y pensando en el bienestar de las personas a largo plazo.

En una economía abierta, globalizada, con una creciente utilización de las tecnologías de la comunicación, parece un anacronismo poner puertas, aranceles y normas que impidan la libre circulación de personas, bienes y servicios, aunque sea para contestar algunos excesos burocráticos que quizá deben corregirse en Bruselas.

 

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