El PIB y la medición de la prosperidad

La portada de la revista The Economist, de 30 de abril de 2016, ofrece una imagen que nos lleva a una cuestión no exenta de polémica.

Se trata de una discusión recurrente en el tiempo, tanto en los medios académicos como en los de información económica y política. ¿El Producto Interior Bruto, es un buen indicador para medir la prosperidad?.

De nuevo la puesta en duda del PIB (Producto Interior Bruto) como indicador de bienestar, merece que le dediquemos atención. The Economist, en la edición citada,  destaca en un breve artículo (pág 7.) de qué forma aumentan las contradicciones sobre dicha variable macro, a medida que nos adentramos en el siglo XXI.

IMG_0347

Una de las críticas consiste en destacar que la economía de nuestros días sigue unos patrones algo distintos que los del siglo pasado, cuando, en especial, después de los episodios bélicos, en Europa el objetivo era crecer,  para reconstruir y para repartir mediante un cierto grado de redistribución, en base a la política fiscal y social.

Muchos componentes del crecimiento actual son servicios y muchas veces su medición adecuada plantea problemas, de metodología y consistencia.

Podemos tomar como un ejemplo, entre otros muchos lo que ocurre con la reducción de transacciones dinerarias físicas, o en ventanilla que tiene como consecuencia la reducción de plantillas, por el cierre de oficinas bancarias. Ello puede dar lugar a una “reducción” de PIB, mientras que las gestiones financieras realizadas mediante “apps”, todavía no pueden seguirse con garantías, para establecer su impacto en la producción total de bienes y servicios.

El boom del comercio electrónico y de innumerables servicios y transacciones, puede no quedar suficientemente reflejado en los cálculos del Producto Interior Bruto (PIB).

Hace falta incorporar medidores de calidad de vida, de factores cualitativos en un indicador mejorado que The Economist titula como PIB-plus.

Se trataría de poder medir variables tales como: capital intangible, habilidades de la población, valor de marcas, diseño, niveles de flexibilidad, etc.

Conseguir ese nuevo enfoque implicará una verdadera revolución en los institutos y agencias que hoy preparan los cálculos y efectúan muestreos, en cada país, o a nivel supranacional.

La sociedad del conocimiento, requerirá unos indicadores más elaborados, si lo que queremos es medir y entender la prosperidad de la población en el siglo XXI.

Como se mencionaba al principio, la crítica al PIB como indicador de bienestar, es ya un clásico en los temas de debate en economía. Hace relativamente poco, el llamado Informe Stiglitz.

Si nos remontamos al siglo XX, de los muchos autores que pueden citarse, mencionemos las obras de John Kenneth Galbraith (1908-2006) que cuestionaba muchos aspectos incluidos en el PIB, en especial en su obra The Affluent Society (1958).

De todas formas, el que se precisen mejoras no invalida la utilidad que nos ofrece la medición del PIB, para la política económica.

Precisamente estos días el Instituto Nacional de Estadística ha dado una buena noticia, al publicar que la economía española, a pesar de la difícil  coyuntura crece a una tasa anual del 3,4%.

IMG_0349

 

 

Referencias:

  • The Economist (30/4/2016). How to measure prosperity.
  • Galbraith, J. (1969) (1958) The Affluent Society. Nueva York. Pelican Books.
  • Stiglitz, J.; Sen, A.; Fitoussi, J.P. (2013) Medir nuestras vidas. Las limitaciones del PIB como indicador de progreso. Barcelona. RBA

Post relacionados

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *