Robots, empleo y productividad

Tim Harford, el autor de El economista camuflado y otras obras que siguieron, alguna comentada en este blog, es también columnista en el Financial Times (FT) y suele tratar temas de actualidad con esa buena combinación de crítica e ironía pero siempre en contacto con la lógica económica.

El pasado 20 de agosto, el FT titulaba la colaboración de Harford con unas palabras que suenan a provocación, The myth of the robot job-ocalypse, donde el economista reflexiona sobre las consecuencias de la sustitución del trabajo humano por parte de robots y comienza con el siguiente texto:

“El número de empleos perdidos por causa de las máquinas más eficientes es solamente parte del problema…En el pasado las nuevas industrias contrataban a muchas más personas que las que se quedaban sin empleo (por los cambio tecnológicos), pero esto ya no ocurre en muchas de las nuevas industrial de hoy”.

androides 3 (interior)

Se trata de un párrafo que Hartford reproduce de un ejemplar de Time magazine, publicado en las primeras semanas de la presidencia de John Kennedy. Es decir, a principios de 1961.

Para el columnista, esas palabras igual podrían utilizarse hoy, por parte de muchos de los que se dedican a la política o a la comunicación, pero aplicadas a la amenaza que suponen los robots para el empleo de los humanos. Habla de una especie de “tecno-ansiedad” que parece que vuelve a instalarse en las sociedades avanzadas.

La idea tras esa visión apocalíptica es que mediante software y máquinas puedan destruirse más puestos de trabajo que los de nueva creación, provocando un mayor desempleo.

Harford admite que “estamos rodeados por ordenadores potentes y económicos y que en los últimos diez años mucha gente ha perdido el empleo”, aunque pronto cuestionará que sea por causa de la sustitución de personas por máquinas observando la evolución de la productividad.

Si tantas máquinas y ordenadores sustituyen a personas, la producción total por persona empleada, debería haberse incrementado de forma significativa en estos últimos años, puesto que los “robots” producen sin prácticamente la intervención de los humanos, la productividad por persona aumentaría y no ha sido así. Durante los últimos 40 años, la baja productividad ha tenido efectos más importantes y negativos que las desigualdades consecuencia de la crisis financiera de 2008.

Ante lo anterior Harford, critica que se hable tanto de la irrupción de las máquinas y robots como peligro para los trabajadores: “es fácil culpar a los robots por asuntos que deberían dirigirse a los despachos de otros, tales como banqueros, entusiastas de la austeridad y políticos de la eurozona”.

Termina el autor con una nota irónica que nos debe hacer reflexionar, al decir que los humanos que, en realidad no han introducido demasiada tecnología (robots) en la producción, no hacen un buen trabajo e imagina “un gran subterráneo, en algún lugar, lleno de androides durmientes. En una esquina un robot-hacker de color de cromo-plateado, está escribiendo una columna periodística, lamentándose porque los humanos siguen haciendo los trabajos que eran para los robots”.

Android 2 (interior)

Otra paradoja, en la interpretación económica de la irrupción de las tecnologías, la encontramos en el mismo ejemplar del FT que publica la columna de Harford comentada. En la página siguiente, se reseña un libro de reciente aparición[1], precisamente dedicado a exponer las consecuencias en el mercado laboral del uso de la inteligencia artificial, diciendo, entre otras cosas “que el 47 por ciento de los empleos en el Reino Unido están en riesgo, debido a la automatización que puede afectar desde las tareas de recolección agrícola, a las funciones de los ejecutivos de ventas o el asesoramiento jurídico”. El libro, reseñado por Emma Jacobs, es una introducción a los riesgos que la automation puede suponer para el trabajo y la educación tal como todavía la entendemos hoy.

El debate sobre el futuro del trabajo y sus formas estará presente entre nosotros y la prensa le dedicará atención, a veces con acierto, otras, muchas, con errores. Unos errores que, tiempo después, no se comprueban y que años después nadie puede o quiere corregir, tal como puso de manifiesto el profesor John Allen[2], en un excelente texto, en el que explicaba la gran cantidad de publicaciones, ya fueran artículos especializados o noticias de actualidad, en las que sus contenidos estaban equivocados o interpretaban mal algunos supuestos, pero que nunca nadie después ha corregido.

 

Joaquín Solana Oliver
(Economista)
Septiembre de 2015

 

[1] Kaplan, J. (2015) Humans Need Not Apply: A guide to wealth and work in the age of artificial intelligence. London. Yale Books

[2] Allen, J (1996) Un matemático lee el periódico. Barcelona. Tusquets Editores.

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