¡La culpa es tuya!

“Nuestro jefe es un incompetente”, “mi pareja no me comprende”, “el profesor me tiene manía”, “desde Madrid nos roban” y frases parecidas forman parte del argumentario típico del español medio. Todas ellas reflejan un concepto básico: la culpa es de los demás. Y no se trata de que no pueda existir cierta verdad en esas frases: tal vez nuestro jefe no sea el más capaz o puede que no seamos el favorito del profesor. Lo realmente alarmante de esas frases es lo descompensadas que quedan a la hora de la autocrítica.

Vivimos en una sociedad en la que apuntar con el dedo hacia adelante es deporte nacional (y todos merecemos pódium en este deporte) mientras que usarlo para auto-señalarnos es directamente un imposible. Perdemos tanto tiempo en culpar a los demás, que no encontramos un minuto en preguntarnos cómo podemos mejorar nosotros mismos. En este sentido, los norteamericanos nos llevan una gran ventaja. Dieron con la clave en aquel eslogan que rezaba: “no preguntes qué puede hacer tu país por ti, pregúntate qué puedes hacer tú por tu país”. Bravo.

El no asumir ningún tipo de responsabilidad tiene muchas implicaciones. Por ejemplo la falta de ética que conlleva, ya que si no cometemos errores es que somos perfectos. Lo cual, obviamente, es falso. Pero además es una actitud extremadamente improductiva: no se puede mejorar si no hay nada que mejorar. Por lo tanto, no reconocer los errores es, en última instancia, una barrera que frena nuestro progreso.

Sobre este particular, siempre reflexiono en cómo las sociedades han sabido evolucionar en los momentos críticos. Pienso en Japón antes y después de padecer un cataclismo nuclear y admiro como han vencido la adversidad para convertirse en una súper-potencia. Del mismo modo, una Alemania que vivía en la miseria y que fue cuna del lado más oscuro del ser humano, ha sabido enfrentarse a si misma y convertirse en el pulmón económico de Europa. Incluso los Estados Unidos tuvieron la oportunidad de reconducir su rumbo después de una guerra civil. Todas estas sociedades han sabido reinventarse y han convertido momentos de crisis extrema en puntos de inflexión positivos. Nosotros también hemos tenido nuestras oportunidades, pero siempre las hemos desaprovechado. Hemos acabado haciendo más de lo mismo fingiendo que era diferente. Ahora volvemos a tener una oportunidad. ¿La aprovecharemos?

Reconocer una equivocación no nos hace peores. Nos hace más humanos, nos ayuda a mejorar y nos pone en la senda del virtuosismo. Como sociedad, la autocrítica es el único camino al éxito, y como profesionales, es el camino al crecimiento personal. Una cualidad esencial en un emprendedor es saber darse cuenta de sus errores. Darte cuenta de que los cometes te brinda una maravillosa oportunidad: la de no volver a cometerlos.

Así que, amigo mío, admítelo: la culpa también es tuya. Ahora ya puedes crecer.

¡La culpa es tuya!

 

Javier Plaza Miranda,

Vicepresidente del Club de Emprendedores.

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