A continuación se expone un artículo escrito por la estudiante Noa García Gutiérrez, a partir de un proyecto realizado en la asignatura de «Innovación Educativa y TIC», impartido por los profesores Ferran Homar y Pau Ferrer:

Del artículo al mural: reflexionando sobre la inteligencia artificial en educación
Del artículo al mural: construyendo una idea común
En la asignatura de Innovación Educativa y TIC hemos trabajado a partir del artículo Hasta
ChatGPT y más allá. Una breve guía reflexiva sobre el impacto de la inteligencia artificial en
la educación, de María del Mar Sánchez Vera (2023). Después de leerlo y analizarlo, nos
especializamos individualmente en diferentes partes del texto y realizamos pequeños
bocetos con las ideas que considerábamos más importantes. Posteriormente, pusimos en
común nuestras propuestas y fuimos uniendo los dibujos hasta crear un mural colectivo.
Aunque al principio surgieron ideas bastante diferentes, todas compartían un hilo conductor:
cómo integrar la inteligencia artificial en la educación sin olvidar el papel del profesorado ni
las capacidades humanas que necesitamos para utilizarla de forma responsable.
El resultado fue un mural con un árbol grande, otro más pequeño, unas raíces que se
extienden por la parte inferior, el agua y dos regadores en los que aparece escrita la palabra
«IA». A través de estos elementos quisimos representar nuestra visión sobre la relación
entre la educación, el desarrollo personal y las posibilidades que ofrece la inteligencia
artificial.
¿Qué representa nuestro mural?
El árbol grande representa la educación y su crecimiento en un contexto en el que la
inteligencia artificial está cada vez más presente. Al igual que un árbol necesita tiempo,
cuidados y unas bases sólidas para desarrollarse, la educación requiere acompañamiento y
reflexión. La incorporación de nuevas tecnologías puede abrir nuevas posibilidades, pero no
significa que cualquier uso de ellas produzca una mejora educativa. Como plantea Sánchez
Vera (2023), es importante que la tecnología esté al servicio de una finalidad pedagógica.
Las ramas con hojas y las ramas que todavía están desnudas representan las posibilidades
que se van desarrollando y aquellas que aún están por descubrir. La inteligencia artificial
generativa está transformando la manera de acceder a la información, crear recursos y
plantear actividades, pero todavía queda mucho por explorar sobre sus posibilidades y sus
límites dentro del aula. Por eso, interpretamos que el árbol sigue creciendo: la
transformación educativa es un proceso abierto que dependerá de cómo aprendamos a
integrar estas herramientas.
A la izquierda aparece un árbol más pequeño, que relacionamos con los niños y niñas y con
su proceso de crecimiento y aprendizaje. Queríamos recordar que el alumnado necesita
tiempo, orientación y acompañamiento para desarrollar sus capacidades. La tecnología
puede formar parte de ese proceso, pero no debe sustituir las experiencias, las relaciones y
la intervención educativa que necesita para crecer. Además, consideramos que cualquier
innovación debe adaptarse a las necesidades del alumnado y no al revés.
En la parte inferior encontramos las raíces, que representan las bases personales que
sostienen nuestro crecimiento. En ellas aparecen conceptos como la madurez, el
autocontrol y la conciencia, que consideramos fundamentales para relacionarnos con la
tecnología de manera responsable. La madurez nos ayuda a valorar las situaciones y tomar
decisiones; el autocontrol nos permite regular nuestro comportamiento y evitar un uso
impulsivo de las herramientas; y la conciencia nos lleva a reflexionar sobre nuestras
acciones y sus consecuencias.
Para nosotros, las raíces simbolizan que el desarrollo no depende de una única capacidad,
sino de un conjunto de cualidades que se complementan. Necesitamos estas bases para
aprender, tomar decisiones y utilizar la inteligencia artificial de forma consciente y
responsable.
El agua que aparece en la parte inferior representa el entorno cambiante en el que se
desarrolla la educación. Vivimos en una sociedad en la que la tecnología evoluciona
constantemente y surgen nuevas herramientas, necesidades y formas de aprender. Este
contexto influye en la educación y la transforma, del mismo modo que el agua forma parte
del entorno en el que crece un árbol.
Por otro lado, los dos regadores con la palabra «IA» representan la inteligencia artificial
como una herramienta que puede contribuir al crecimiento educativo. Decidimos incluir esta
palabra de forma visible para mostrar que el mural no habla únicamente del aprendizaje en
general, sino de la relación entre la educación y la inteligencia artificial. Los regadores
pueden ayudar a alimentar el árbol, pero no garantizan por sí solos que crezca
adecuadamente: todo depende de cómo se utilicen y de los cuidados que acompañen ese
proceso.
Esta idea conecta con el artículo, que nos invita a no considerar la tecnología como una
solución automática a los problemas educativos. La inteligencia artificial puede ofrecernos
oportunidades, pero su incorporación debe estar guiada por una intención pedagógica y por
una reflexión sobre sus efectos y limitaciones.
El pensamiento crítico: una pieza fundamental, pero no la única
Durante la elaboración del mural, también quisimos dar protagonismo al pensamiento
crítico, ya que lo consideramos esencial para utilizar la inteligencia artificial de forma
responsable. Sus respuestas pueden parecer convincentes sin ser siempre correctas o
adecuadas, por lo que necesitamos aprender a cuestionar la información, contrastarla con
fuentes fiables y valorar las respuestas antes de aceptarlas.
Después de debatir dónde incorporarlo, decidimos situarlo en la base del tronco, en lugar de
añadirlo como una raíz más. Queríamos destacar su importancia, pero sin transmitir que
fuera la única capacidad que sostiene nuestro desarrollo. Las raíces ya representaban
cualidades como la madurez, el autocontrol y la conciencia, y no queríamos restar valor a
ninguna de ellas.
Consideramos que el pensamiento crítico se relaciona con todas estas capacidades. Nos
ayuda a analizar la información, mientras que la conciencia nos permite reflexionar sobre
nuestras decisiones, el autocontrol nos ayuda a actuar con responsabilidad y la madurez
nos permite valorar las consecuencias de nuestros actos. Cada elemento cumple una
función y todos se complementan.
Esta reflexión se relaciona con el artículo de Sánchez Vera (2023), que destaca la
importancia de analizar las respuestas de la inteligencia artificial, justificar nuestras
decisiones y consultar fuentes fiables. No obstante, la incorporación de la madurez, el
autocontrol y la conciencia responde a nuestra propia reflexión como grupo sobre las
capacidades que consideramos necesarias para utilizar estas herramientas de manera
responsable.
¿Qué ocurre cuando le pedimos a ChatGPT que interprete el mural?
Una vez terminado el mural, decidimos utilizar ChatGPT para comprobar qué interpretación
hacía de nuestra creación. Primero, le proporcionamos únicamente una fotografía, sin
explicarle la actividad ni adjuntarle el artículo. Queríamos observar qué significado atribuía a
los elementos a partir de la imagen.
En su primera respuesta, relacionó el árbol con el crecimiento y el aprendizaje, las raíces
con aquello que nos sostiene y el agua con los elementos que alimentan ese crecimiento.
Aunque algunas de estas ideas coincidían con nuestra intención, hubo un detalle que nos
sorprendió: no tuvo en cuenta la palabra «IA» escrita en los regadores, a pesar de que era
una pista fundamental para comprender el mensaje que queríamos transmitir.
Después repetimos la consulta, esta vez adjuntando también el artículo. La interpretación
fue mucho más cercana a la que habíamos construido en clase. ChatGPT relacionó el árbol
con la educación, las raíces con las bases que sostienen el aprendizaje y los regadores con
la inteligencia artificial como herramienta educativa.
Al comparar ambas respuestas, comprendimos que el contexto influye mucho en las
interpretaciones que obtenemos de la IA. La imagen era la misma, pero aportar el artículo
permitió relacionar sus elementos con unas ideas más concretas. También comprobamos
que una interpretación puede parecer coherente y, aun así, dejar fuera detalles importantes.
Esta experiencia nos hizo reflexionar sobre la necesidad de revisar las respuestas que
genera la inteligencia artificial y no aceptarlas automáticamente como definitivas. Aunque la
segunda interpretación se acercaba más a nuestra intención, no significa que debamos
considerarla correcta únicamente por ello. Somos nosotros quienes debemos valorar si la
respuesta tiene sentido, si se ajusta al contexto y si representa realmente aquello que
queremos expresar.
¿Qué nos llevamos de esta experiencia?
Como grupo, esta actividad nos ha permitido reflexionar sobre cómo podemos incorporar la
inteligencia artificial a la educación sin perder de vista lo que realmente importa. El proceso
de pasar de los bocetos individuales al mural colectivo nos ayudó a compartir diferentes
perspectivas, debatir nuestras ideas y construir un significado común.
También hemos comprendido que innovar no consiste simplemente en utilizar herramientas
nuevas, sino en hacerlo con sentido pedagógico. La IA puede ayudarnos a preparar
materiales, adaptar actividades a las necesidades del alumnado, proponer ideas y agilizar
tareas que requieren mucho tiempo. Esto puede facilitar el trabajo docente y permitirnos
dedicar más atención al acompañamiento y al aprendizaje de los niños y niñas.
Sin embargo, consideramos que la inteligencia artificial no puede sustituir la cercanía, la
empatía, el cariño ni la relación humana que forman parte de la labor docente. Como futuros
maestros y maestras, necesitamos aprender a utilizar estas herramientas de manera eficaz,
pero también fomentar en nuestro alumnado la capacidad de cuestionar la información,
actuar con responsabilidad y desarrollar su propio criterio.
En definitiva, esta experiencia nos ha ayudado a entender que la tecnología y las
capacidades humanas no tienen por qué ser opuestas. Podemos aprovechar las
posibilidades de la inteligencia artificial sin dejar de cuidar las bases que sostienen la
educación. Al igual que nuestro árbol necesita agua para crecer y raíces diversas para
mantenerse firme, la innovación educativa necesita herramientas útiles, una intención
pedagógica clara y personas capaces de utilizarlas con criterio y responsabilidad.
La IA puede ayudarnos a regar el árbol de la educación, pero necesitamos cuidar sus raíces
para que el crecimiento tenga sentido.
Referencia bibliográfica:
Sánchez Vera, M. del M. (2023). Los desafíos de la Tecnología Educativa. RiiTE Revista
Interuniversitaria de Investigación en Tecnología Educativa, (14), 1–5.
https://doi.org/10.6018/riite.57213
