Comprometerse con la igualdad a través de la educación

Si la sociedad actual provee estructuras que allanen el camino al desarrollo del talento se favorecerá la equidad de oportunidades

 

Durante estas semanas se ha hablado mucho de igualdad. Es un concepto que en los dos últimos siglos ha evolucionado mucho. La igualdad fue una de las banderas de las revoluciones liberales. Y, efectivamente, bajo ese impulso fueron cayendo las figuras que institucionalizaban un tratamiento desigual de las personas: estamentos, gremios… Era una igualdad formalista, a la medida de la burguesía dominante, que se centraba únicamente en remover distinciones jurídicas entre los hombres –las mujeres tardaron un siglo más en entrar en la ecuación- pero que le era indiferente si la igualdad formalmente proclamada tenía una traslación real a la vida social y económica de las personas.

Así pues, el reto de los movimientos sociales de finales del XIX y del XX fue traducir en igualdad material el ideal que formalmente se había proclamado. Es una lógica que se manifiesta todavía en muchos campos. De hecho, la causa actual de la mujer discurre por ese mismo camino: el que lleva de la igualdad formal a la material, del ideal a la realidad, de las musas al teatro.

Al final, de lo que estamos hablando es de articular una sociedad en la que haya una efectiva igualdad de oportunidades, y esto, a largo plazo, sólo puede obtenerse si existe un compromiso firme con la educación. El mayor capital de una persona es su talento, sólo si la sociedad provee estructuras que allanen el camino a su desarrollo nos estaremos acercando a la igualdad real.

Para esto se necesita el compromiso de todos los actores sociales: públicos y privados. Es habitual señalar al sector público como el único responsable de sostener la acción social, algo que, por un lado, supone una carga demasiado exigente y, por otro, implica también la exclusión de agentes de la sociedad civil con gran potencial.

En el campo educativo, la implicación de instituciones privadas a la causa de la igualdad es fundamental, ya que su participación ayuda a introducir un factor de pluralidad en el sistema. Esto es algo que en sociedades como la estadounidense tienen muy interiorizado, a través de figuras como el mecenazgo. En España, aunque esta mentalidad filantrópica dista de estar plenamente arraigada en las instituciones privadas, sí hay ejemplos que, desde hace tiempo, están marcando el rumbo.

Uno de estos faros de compromiso con la educación lo proporciona el grupo educativo CEU, en el que se integran diez colegios y tres universidades, y que desde hace años es la institución privada que más fondos destina a ayudas al estudio. Entre ellas se encuentran las becas delCEU Merit Program, que desde su creación no han parado de crecer en número. Las becas se conceden sobre el coste del curso de un grado universitario en función del talento y esfuerzo demostrado en el Bachillerato o en alguno de los ciclos que dan acceso a la universidad. La idea es evitar que el estudiante con buenos resultados deje de cursar el grado que ha elegido por motivos económicos. En el caso concreto de la Universitat Abat Oliba, este año se ofrecen 66 becas -13 de ellas, internacionales- a las que se puede presentar candidatura hasta el 4 de junio.