Entrevista en La Vanguardia sobre estrategias de afrontamiento y resiliencia

El pasado 4 de noviembre de 2020, se publicó una entrevista en La Vanguardia en la que, ante la devastadora crisis sanitaria en la que nos hallamos inmersos, tres profesoras universitarias encuentran aspectos de crecimiento psicológico positivo y defienden la existencia de más y mejores “estrategias de afrontamiento”. Laura Amado, Marina Fernández y Marta Oporto, profesoras del grado de Psicología y del máster universitario en Psicología General Sanitaria de la Universitat Abat Oliba CEU, consideran que la experiencia del primer confinamiento ha permitido que los ciudadanos hayan aumentado sus recursos psicológicos para, eventualmente, afrontar uno nuevo. En este sentido, Amado estima que hemos podido reflexionar y aprender, que “hay cosas positivas que han venido para quedarse”.


Las profesoras opinan que ahora somos más capaces de valorar lo que realmente importa. En este aspecto, también apuntan a una mayor conexión “con la espiritualidad, con la dimensión trascendente” que escapa del habitual materialismo imperante. Igualmente, Amado comenta que “no podemos dar por hecho el hecho de estar vivos” y, en consecuencia, como manifiesta Oporto, brota “la conciencia del valor de lo que tienes y el agradecimiento”.

Las tres docentes, que forman parte del grupo de investigación “Familia, Educación y Escuela Inclusiva” (TRIVIUM) y del proyecto de I+D+i ANDREIA: “Fomento de la resiliencia en la educación primaria: innovación y formación continua del profesorado”, creen que la pandemia de COVID-19 ha puesto de manifiesto “el descubrimiento de fortalezas personales”. Por lo tanto, exponen que la resiliencia es un concepto clave en este crecimiento personal. Puede profundizarse sobre este aspecto en los dos capítulos del libro Pandemia y resiliencia. Aportaciones académicas en tiempos de crisis (EUNSA) escritos por Amado, Oporto y Fernández.

Para las psicólogas, el primer aprendizaje emocional alcanzado es una mayor ‘tolerancia a la incertidumbre’. Oporto observa que otro aprendizaje complementario que ha podido producirse es una considerable disposición a “vivir y volcar las capacidades en el presente, a tratar de controlar únicamente lo que está en nuestra mano”. Además de un crecimiento de la “capacidad para descentrarse”, para salir de uno mismo y ayudar más a los demás.

Marina Fernández opina que también puede apreciarse una mejora en el reconocimiento y la aceptación de nuestros sentimientos, pues “hemos aprendido a dejarnos sentir. Aceptamos nuestras emociones y eso hace que nos sintamos mejor”. Del mismo modo, como apunta Laura Amado, “reconocemos y compartimos. Ahora se habla mucho más de emociones”.

 

Fatiga, trauma y pobreza

Sin embargo, las profesoras reconocen que para ciertos profesionales y para todas aquellas personas que han vivido un trauma relacionado con la crisis, la segunda ola de COVID-19 ha llegado demasiado temprano. “Evolutivamente, no habrán tenido tiempo para afrontarlo”, advierte la profesora Amado. Y es que, “la situación todavía no ha vuelto a la naturalidad que permite a la persona volver a sus apoyos sociales, familiares, de ocio o de trabajo”, añade Marina Fernández.  Además, la neuropsicóloga recuerda la especial situación de vulnerabilidad psicológica y “estrés crónico” en la que se hallan las personas “que no tienen sus necesidades cubiertas” debido a la crisis económica derivada de la pandemia.

 

Reconocimiento y ayuda

En el caso de padecer una angustia excesiva ante la amenaza de un segundo confinamiento, Oporto recomienda identificar y reconocer, en primer lugar, “la fuente de esa angustia”, para poder después “verbalizarla, compartirla con alguien que te escuche”. En esta línea, sugiere la realización de un ejercicio de introspección que permita detectar “cuándo estamos anticipando cosas que no están sucediendo y que escapan a nuestro control”. Fernández recuerda que se debe “buscar ayuda cuando una angustia interfiera en un área vital”. Asimismo, Amado destaca la gran cantidad de organizaciones sin ánimo de lucro que han “ofrecido recursos a las personas sin recursos”. Entre ellas, la Unidad Terapéutica de Asistencia Psicológica y el Servicio de Atención Psicológica de la propia UAO CEU.

 

Sin culpables

Por último, las psicólogas sanitarias insisten en evitar la tendencia a buscar culpables. Marina manifiesta que “ante la tentación de proyectar la culpa, tenemos que entender que esto no es culpa de nadie” por lo que debe descartarse la autoinculpación: “las dificultades familiares, sociales o laborales debidas al coronavirus no son culpa nuestra”. Marta Oporto recuerda que la carga negativa de la imputación de culpabilidades “es algo que puede producir que una sintomatología clínica se exacerbe. A partir de la culpa no se construye”. Igualmente, Laura reconoce que, pese a no ser una actitud positiva, “todos nos hemos visto alguna vez canalizando el enfado hacia la política”. En este sentido, las autoras consideran que las autoridades deben comunicar un mensaje que active el compromiso cívico y ayude al ciudadano a “potenciar su responsabilidad”, algo que no siempre se ha conseguido. Amado opina que “hay ciertas medidas que no se explican bien, lo que no ayuda al ciudadano a potenciar su responsabilidad”. Marina Fernández apunta que en muchos casos “ha faltado gestión emocional”. Para Oporto, la adopción de una posición de tutelaje del ciudadano ha causado la transmisión de mensajes que invalidan, pues se “nos incapacita para activar recursos personales al no estimular la responsabilidad individual”.

En conclusión, según Marina Fernández, lo constructivo es situarnos dentro del “locus de control interno” y recordar que “cada uno, desde su responsabilidad y su conciencia puede hacer muchas cosas”. Por eso, “si todo el mundo, desde su rol, hace lo que esté en su mano, la sociedad construirá”.

 

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Fotografías: Aura Ros

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